Las cuatro personas que más sufrieron viendo las series semifinales y la final del bicicrós masculino en Londres, fueron los padres y los dos hermanos de Carlos Mario Oquendo.
Las caídas y la medalla de bronce la sintieron como propias, porque ellos fueron testigos de las largas jornadas de entrenamiento, sumadas a la tenacidad de Carlos Mario.
David, el hermano menor y quien ganó medalla de oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud en el 2010, prefiere no hablar de su logro y centrar toda su atención en Carlos Mario. “En este momento no me interesa mucho mi campeonato. Me intereso por él, que se ha esforzado mucho para salir adelante y por fin lo logró”, afirma.
Alexánder, el mayor, se siente “complacido” por su hermano y admira su perseverancia. “Iniciamos juntos en el bicicrós, me salí porque caí muy duro y pensé ‘yo no estoy para los golpes’. Carlos siguió y me siento muy contento con esa medalla tan merecida”, anota.
Carlos y Élide, por su parte, todavía no bajan de la nube en la que los puso la presea de bronce de Carlos Mario. El padre se considera poco expresivo, pero la carrera final de su hijo lo hizo cambiar: “yo no demuestro la alegría ni la tristeza, pero esta vez sí expresé la alegría. Cuando él pasó la meta, grité: ‘uy, quedamos terceros’”, recuerda el orgulloso padre.
Su mamá está “aprendiendo, de una manera tranquila, a manejar la fama” que implica el triunfo de Carlos Mario. “Me asusta un poquito, pero a la vez es rico”, dice.
Ellos cuatro son el apoyo y el sustento del medallista olímpico. “Siempre creyeron en mí. Ellos lo son todo”, concluye el rubio corredor.
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