Todos los grandes escritores son víctimas de la manipulación o abierta falsificación de sus textos. La semana pasada se pudo aclarar por parte del directamente afectado, el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la falsedad de un artículo atribuido a su autoría, que por lo burdo de su texto era notorio que no le correspondía. Queda para la memoria la forma magistral en que el Nobel dejó en evidencia a quien quiso lavarse las manos endilgándole su propia falta de cuidado a otros.
Y valga la cuña: las verdaderas columnas del escritor pueden leerse en El Colombiano
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