El evangelio de hoy (San Mateo: 6, 24-34) es Jesús en toda la audacia de su mensaje. Poniendo en palabras lo que fue su propia vida: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura".
Buscar el Reino de Dios es dejar que Dios sea en medio de nosotros. Dios en la plenitud humana de todas las personas sin exclusión. Dios en la reconciliación entre los que se odian. Dios en la felicidad de los que trabajan por la paz. Dios en el compartir con todos lo que somos y tenemos. Dios cuando amamos a nuestros enemigos y hacemos el bien a quienes nos ofenden. Dios cuando somos perseguidos por buscar su reino. Dios en el florecimiento y protección de la naturaleza.
Buscar el Reino de Dios es participar en la pasión por el ser humano que llevó Jesús a entregarse por la dignidad de los demás hasta que lo condenaron a muerte. Una pasión desinteresada, sin reservas, alerta para llegar a todo sufrimiento, audaz para exigir la verdad, fuerte para enfrentarse a toda injusticia, compasiva para comprender la fragilidad, generosa para acoger a las víctimas, sabia para tener el sentido de la oportunidad, tierna para poner el corazón, magnánima para perdonar.
Jesús pone dos condiciones para adentrarse en este Reino.
La primera es apartarse del ídolo del dinero que desata en nosotros la codicia y nos rompe con los demás. Nos puede llevar al mal, a excluir, a robar, incluso a eliminar a quienes nos estorben. La codicia enloquece a cualquier persona, no importa la ideología o la religión que tenga, no importa si es alcalde o maestro o cardenal o guerrillero o militar o presidente. "¿Cuál es el corazón humano que no perviertes, hambre sagrada del oro?" Escribió Virgilio en Roma hace más de dos mil años.
La segunda condición que Jesús nos pone es la confianza. Confianza en la vida y en la creación. Confianza para reconstruir la fe que nos debemos entre nosotros, como vecinos, como colombianos, como habitantes de la Tierra. La confianza serena que se dan las aves del cielo y los lirios del campo que no están ansiosos de seguridad sino que se confían en la vida de la naturaleza. Confianza laboriosa para hacer con sencillez y responsabilidad la tarea de cada día y para creer en Dios que nos quiso juntos y distintos y libres para que unidos buscáramos juntos el reino de la justicia, del amor y de la paz.
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