La grave enfermedad de cáncer del Presidente Hugo Chávez ha hecho metástasis política en Venezuela y amenaza con irrigarse más allá de las fronteras. Las especulaciones sobre el estado de su salud dieron paso a los temores por el fraccionamiento total y vertiginoso de las estructuras chavistas, ahora más que nunca divididas sobre qué camino coger, con un líder diezmado en lo físico y golpeado en lo emocional.
La noticia más esperada por los venezolanos ha sido tan devastadora, como impredecibles sus consecuencias. El cambio político que supone la enfermedad de Chávez será radical. Por más que quiera, y así su recuperación sea exitosa, como lo esperamos porque se trata de un ser humano, ya nadie apuesta por una candidatura en 2012.
La escogencia de un sucesor del Jefe de Estado no será una labor fácil y, por el contrario, ya se advierten profundas divisiones y radicalismos dentro del propio Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), que tendrá que lidiar no sólo con la oposición, sino con el mismo estamento militar, fiel al Coronel, pero no a sus colaboradores.
El problema adicional para el chavismo pasa por el factor tiempo. No sólo el que demandará la recuperación del propio Presidente, visiblemente desmejorado en su semblante y con una voz espiritual que dista mucho del fogoso orador que todos conocíamos, sino del que seguramente se tomará Chávez antes de decidir si mantenerse en el poder, como hasta ahora se prevé, o delegar sus funciones en la figura del Vicepresidente, como lo contempla la Constitución en los casos de "ausencia temporal".
Pero como el Vice es nombrado a dedo y no por voto popular, Chávez podría cambiar al actual, Elías Jaua, y poner allí a un hombre de su total confianza, alguien que no genere más tensiones y divisiones dentro del partido de gobierno, que le sea leal, y no permita desdibujar el proyecto socialista. En Caracas se ha comenzado a hablar con insistencia de José Vicente Rangel, quien sería una especie de adiestrador del futuro candidato chavista, dentro de los cuales Adán Chávez, el hermano del Presidente, tiene fuerza y aceptación en las Fuerzas Armadas.
La oposición, por su parte, sabe que cualquier error que cometa en este momento de emotividad, y no poco pesar por lo que le está pasando a Chávez, sería fatal dentro de las aspiraciones que mantienen de ganar las presidenciales en diciembre de 2012. La cautela con la que recibieron el dictamen médico sobre la salud del Presidente es muestra de que mucho han aprendido en estos 12 años de caudillismo recalcitrante y provocador de Chávez.
Tal vez, a los opositores también les llegó la hora de cambiar de estrategia y pasar de ser simples contestatarios del régimen, a proponer salidas eficaces a la profunda crisis social y económica que enfrentan los venezolanos. El tiempo que no tiene ahora el chavismo para improvisar es el que le sobra a la oposición para convertirse en una verdadera alternativa de poder, un poder que ya no estará concentrado en un solo rival, sino en varios sectores, incluso más radicales que el propio Chávez.
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