La plaza era el centro de las principales ciudades de la colonia en el Nuevo Reino de Granada. Sin embargo, tal como dice el historiador Armando Martínez, asesor de la Consejería Presidencial del Bicentenario, en este "reino pobre" no se seguía una planeación específica. Las poblaciones se trazaban a cordel, como lo obligaba las ordenanzas de Felipe II.
Para los pobres, la forma de construcción era el bahareque y la tapia plisada. El piso era la tierra, y como la mayoría de los pobladores, iban descalzos, "vivían llenos de niguas". El resto usaban alpargatas.
Los alarifes albañiles eran los maestros de obra de la época que seguían tradiciones heredadas de los indígenas, en especial en lo que tiene que ver con los ranchos que terminaban en caña brava para el techo.
Si eran casas de gente pudiente, entonces se construían de dos pisos. En el primero funcionaban puestos de herrería, dados en alquiler por los propietarios. Y en el segundo piso se acomodaba la familia.
Por fuera quedaban en cal, aunque algunos le daban color con terminaciones a base de pigmentos minerales.
A veces, en estas construcciones se incluía un claustro o patio interior; y uno posterior, donde funcionaban las caballerizas. Cuyes, gallos, gallinas, conejos y caballos podían vivir en estos espacios, por lo que a veces "era hasta más sano vivir en las haciendas que en la ciudad".
En realidad, esto sucedía, además, por otras razones: las calles eran lodazales porque no existía una adecuado orden para los diversos tipos de agua.
A pesar de ello sucedían asuntos extraordinarios, como en la capital, donde un oidor elegante decidió donar una fuente de agua, el Mono de la Pila, que aún se conserva en el Museo Colonial, en Bogotá.
En Ibagué, que por aquella época era considerada una ciudad, un hombre importante hizo una casa en piedra, lo que contrastaba con el predominante bahareque.
Otras ciudades principales, entre otras, eran Santa Fe, Popayán, Socorro y por supuesto, Cartagena, que era un lugar excepcional en cuanto a construcción se refiere, debido a que mantenía continuo comercio con Cádiz, en España.
Tal como se consigna en la enciclopedia Nuestra Colombia: 200 años de vida nacional , estas construcciones respondían a lo que eran las ciudades: pequeños pueblos con un comercio reducido y una producción artesanal estática que albergaba diversas clases sociales sin mayores posibilidades de lujo. Con el inicio de la enseñanza de la arquitectura, a partir de 1886, cuando se creó la Escuela Nacional de Bellas Artes, cambió la forma de concebir la vivienda y por ende, las ciudades.
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