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HISTÓRICO
Dos millones de niños trabajan en Colombia
Colprensa | Publicado el 12 de junio de 2008

El panorama nacional del trabajo infantil sigue siendo desalentador. Pese a que se han hecho esfuerzos por transformar esta realidad, aún hay en Colombia cerca de 2 millones de niños trabajando, según la Unicef y la OIT.

Lo más preocupante es que los niños y niñas se están vinculando a lo que se conoce como "peores formas de trabajo", como la prostitución, conflicto armado y negocios ilícitos, entre ellos, el narcotráfico.

Según la coordinadora Nacional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Ipec) de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), Liliana Obregón, "los mayores de 10 años están encontrando otras formas de trabajo diferentes a las tradicionales, por ejemplo, los niños raspachines, que son los que se dedican a raspar las hojas de coca, otros están dedicados a trabajar en grupos ilegales en actividades de vandalismo".

Pero esto no es lo peor, se ha encontrado un gran porcentaje de los niños entre 5 y 17 años que trabajan desertan de los colegios. Mientras el 13 por ciento de los niños que no trabajan no van a la escuela, el porcentaje se triplica en aquellos que trabajan, según la OIT llega al 47 por ciento.

Por eso, este que es el sexto año de conmemoración del día Mundial contra el Trabajo Infantil, el mensaje es claro: "La educación, la respuesta acertada al trabajo infantil".

Para Obregón, el problema no la escolarización sino la permanencia. Hay un registro que indica que los niños y niñas que trabajan sí se matriculan pero nunca terminan el año. "Ante esta problemática se han evidenciado varias causas. Entre ellas está el que estos menores no ven que la educación sea pertinente, no les parece atractiva y no se les brinda el apoyo escolar que necesitan", señaló.

Entonces, el propósito para este año es precisamente fortalecer el acceso a la educación para estos menores, apoyarlos en el tema de los recursos económicos, mejorar la calidad y hacer que el estudio sea más atractivo.

"Hay que tomar medidas educativas urgentes y unir esfuerzos institucionales y sociales para crear estrategias que eviten la deserción escolar. De esta manera, el menor podrá hallarse sentido a otro tipo de vida que es la que por derecho se merece", indicó Obregón.

Causas diversas
Lo ideal, según el Código de Infancia y Adolescencia, es que los todos los niños estén estudiando, y eso no se logra solamente creando cupos escolares sino ofreciendo posibilidades atractivas de permanencia.

Muchos de los niños que se dedican a trabajar lo hacen por múltiples causas, entre ellas, situación económica, carencia de servicios, acceso y disponibilidad de los mismos, desatención por parte de la familia y mal uso del tiempo libre.

Tampoco hay en muchas familias la concepción de la importancia que tiene la educación para mejorar la calidad de vida. "Pero lo que se les debe hacer entender es que aunque los frutos no se vean inmediatamente, el terminar los estudios va a garantizar una mejor vida para la familia", afirmó Obregón.

Por esto, lograr que los niños permanezcan en los colegios se convierte en una de las estrategias más claves para disminuir el trabajo infantil.

Sinónimo de esclavitud
El trabajo infantil se define, según la OIT como "cualquier trabajo desarrollado por una persona menor a los 18 años, que es física, mental, social o moralmente perjudicial o dañino para esta, e interfiere en su escolarización privándola de la oportunidad de ir a la escuela; obligándola a abandonar prematuramente las aulas, o exigiendo que intente combinar la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado".

Según la OIT, hasta hace uno años se permitía el trabajo doméstico en mayores de 15 años de edad; pero ahora, al hallarse que los niños y especialmente las niñas están realizando labores de la casa por más de 15 horas, llegando a reemplazar al adulto en su trabajo, se considera como un sinónimo de esclavitud que por supuesto, atenta contra los derechos del niño.

Los menores están realizando todo tipo de trabajo que no esté en el marco de lo formal. Entre los peligrosos están las labores en la minería y la agricultura, el comercio callejero, trabajo doméstico, auxiliares de construcción o de transporte, entre otros.

Con este tipo de actividades, además de exponerse a ser persuadidos por otro tipo de trabajos muy arriesgados e ilícitos, no están exentos de padecer enfermedades por las condiciones en las que laboran.

"Las afecciones en la salud primarias como quemaduras y problemas de piel aparecen mientras el niño trabaja, pero inconvenientes de salud más graves aparecen a largo plazo, y en eso no se está pensado", dijo Obregón.

Y entre las peores formas de trabajo está la explotación sexual, inmersión en el conflicto armado e ilegalidad en las calles.

Problema cultural
Miles de niños en el país han abandonado los juegos y acciones propias de la infancia para incorporarse a la vida laboral.

Evidentemente el trabajo infantil es un problema cultural. "Hay tolerancia al problema. Los papás que ponen a trabajar a sus hijos piensan que es una buena manera de educarlos y de enseñarles el sentido de la responsabilidad. Por su parte, los niños nacen bajo esa concepción y sienten la necesidad de hacerlos para ayudar económicamente a sus familias", explicó Obregón.

Es muy común encontrarse con niñas entre los 11 y los 18 años que son empleadas como trabajadoras domésticas en las grandes ciudades luego de huir de zonas rurales movidas por la violencia o con el propósito de colaborar económicamente en sus hogares.

También es usual ver niños que deben cumplir con el oficio doméstico en sus casas por largas horas y son obligados a abandonar los establecimientos educativos.

Aún así, Unicef advierte que es necesario distinguir entre lo que es el trabajo infantil doméstico y las tareas domésticas en el hogar. Estas últimas corresponden a acciones como tender la cama, levantar la mesa o lavar los platos, actividades que no implican una inversión mayor de tiempo y que no interfieren con el libre desarrollo de su educación, salud, integridad física, seguridad y moralidad.

Por su parte, el trabajo infantil doméstico es aquel que vulnera los derechos de los menores y trae consecuencias físicas como desnutrición, intoxicaciones, infecciones, accidentes, afecciones de piel y obstrucción del crecimiento.

Además, del total de los niños que trabajan, la mitad no recibe ninguna contribución de dinero. Unos reciben otras formas de pago como canjes y otros, como trabajan con sus padres, a cambio reciben comida, vivienda o ropa.

"Por ejemplo, los niños recicladores que trabajan junto con sus padres dicen que lo hacen porque se sienten integrados y llegan a ocupar lugares importantes dentro de su familia", precisó Obregón.

Esto deja entre ver que mientras no se logre transformar la cultura de algunas familias frente a la concepción que tiene del trabajo infantil, y no se fortalezcan las estructuras sociales e institucionales para ofrecer una mejor calidad de vida, la población infantil seguirá buscando caminos como el trabajo para solventar sus necesidades.

Iniciativas
Organizaciones que trabajan en pro de la infancia como Unicef y la OIT, han venido desarrollando programas que buscan la erradicación del trabajo infantil. Unos están enfocados a compensar el dinero que los menores puedan recibir por los trabajos informales, con oportunidades laborales para sus padres, aunque en ningún caso se entregará dinero en efectivo.

En este tipo de incitativas, la idea es que sean los adultos y padres quienes aporten la suma que venían generando los niños por sus trabajos mientras estos estudian.

A cambio los adultos se deben comprometer a mantener a los menores vinculados al sistema educativo.

Reglamento
Según el Código de Infancia y Adolescencia, la edad mínima de admisión en un trabajo es de 15 años, siempre y cuando haya una autorización de un inspector de trabajo, comisario de familia o alcalde, solicitada por uno de los padres del menor. También, el empleador debe garantizarles todas las protecciones laborales y la permanencia en el colegio.

Los menores de 15 años pueden trabajar recibiendo remuneración, solamente si lo hacen en el área artística, recreativa, cultural y deportiva por no más de 14 horas semanales, con todas garantías laborales y no por menos del salario mínimo legal vidgente.

Los adolescentes entre los 15 y 17 años pueden trabajar únicamente en la jornada diurna (antes de las 6 de la tarde), no más de 6 horas diarias y 30 semanales.

Mientras que los de 18 años pueden hacerlo hasta las 8 de la noche y no más de 8 horas diarias y 40 semanales.

Quienes contraten a menores de 18 años de edad deben velar porque ellos accedan a la educación y por lo menos culminen el noveno grado. Así mismo, garantizar el tiempo para el esparcimiento, descanso y recreación, además de propiciar encuentros con sus padres.