Mientras buena parte del país lidiaba con la resaca y se acomodaba al inicio de un nuevo año, Aida Victoria Merlano y Westcol sorprendieron durante la noche del 1 de enero de 2026 con un reencuentro en vivo que sacudió el ecosistema digital colombiano. La transmisión superó las 700 mil visualizaciones simultáneas, una audiencia equivalente a llenar casi 12 veces el estadio Atanasio Girardot, una cifra que pocos canales de televisión —e incluso algunos partidos de la selección Colombia— logran alcanzar.
Lo que comenzó como un anuncio terminó convirtiéndose en un fenómeno de atención masiva, conversación y espectáculo mediático que marcó el arranque del año.
En los primeros minutos del streaming, la conversación se ancló al pasado. A los recuerdos compartidos, a lo no dicho y a los pensamientos que emergieron tras la ruptura. Aida insistió en que Westcol reconociera sus errores, de que admitiera que —“por culpa de él”— la relación terminó. Como espectador, el intercambio resultó por momentos incómodo: la presión de lo que parecía ser “sacar en cara” lo vivido, la idea de que él tuvo “lo mejor de ella” y no supo valorarlo.
Años después, esa exigencia sonó tardía, pero no irrelevante. En el fondo, toda historia tiene dos versiones, y ambas estaban siendo representadas ante cientos de miles de personas.
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El reencuentro ocurrió sin mayor anuncio previo. Una historia de Instagram minutos antes fue suficiente. Bastaron minutos para que la audiencia se disparara: más de 700 mil personas terminaron conectadas a un streaming que rápidamente se posicionó entre las tendencias de X en Colombia. El diálogo, que comenzó tenso y nervioso, fue mutando hacia un tono más distendido: risas, recuerdos, caricias, silencios largos. Westcol aclaró que la intención no era retomar la relación sentimental, sino cerrar un ciclo. Aida, por su parte, habló sin rodeos de las heridas abiertas y de las razones que los llevaron a separarse.
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¿Casualidad o promoción?
Nada de esto ocurre en el vacío. En paralelo al stream, Aida Victoria Merlano lanzó Los amores de Victoria, un e-book en el que convierte su vida sentimental en relato literario y monetizado. El libro, construido a partir de historias personales, rupturas y maternidad, se convirtió en best seller.
¿Una historia que podría llegar al nivel Jelena? Pero en Colombia
La relación entre Aída Victoria Merlano y el creador de contenido ‘Westcol’ comenzó en 2022, cuando él la invitó a participar en uno de sus streams. Desde ese primer encuentro en pantalla, la química entre ambos fue evidente. Más allá de la atención que despertó la belleza de la barranquillera, fue su personalidad directa y extrovertida la que marcó el inicio del vínculo. Aída, quien ha hecho pública su vida amorosa en distintas etapas y no ha evitado la exposición mediática, ya había sido tendencia en años anteriores por relaciones sentimentales que generaron controversia en redes sociales. Con Westcol, la relación se confirmó oficialmente en 2022, aunque desde el inicio estuvo rodeada de críticas, entre ellas la diferencia de edad, pese a que esta era de apenas un par de años.
El primer quiebre llegó poco después. Aída decidió terminar la relación al considerar que Westcol no estaba completamente comprometido: se ausentaba los fines de semana, dejaba de responder mensajes y priorizaba su carrera en el streaming, argumentando que necesitaba mantenerse como el principal referente de esa industria en Colombia. Tras la ruptura, los desencuentros continuaron en redes sociales, con intercambios indirectos y comentarios que avivaron la polémica.
En 2023, volvieron a aparecer juntos y aseguraron que habían quedado como amigos, pero un gesto público —una serenata en pleno stream— marcó su reconciliación. En esta segunda etapa, la relación parecía más sólida: hablaron de matrimonio y de hijos. Sin embargo, el vínculo volvió a romperse cuando Westcol fue señalado de escribirle a otra mujer mientras aún estaba con Aída, detonando una nueva controversia que hoy sigue siendo objeto de atención pública.
La historia de Aída Victoria Merlano y Westcol no se agota en los hechos sentimentales ni en sus rupturas públicas. Funciona, más bien, como lo hicieron en su momento otras relaciones convertidas en fenómeno cultural. Selena Gomez y Justin Bieber protagonizaron durante años una narrativa de idas y vueltas que trascendió lo privado para instalarse como relato colectivo: rupturas, reconciliaciones, canciones dedicadas y bodas que reavivaron las mismas conversaciones entre los fans.
Jelena, fue, en su momento, una novela en seguida en tiempo real, reinterpretada una y otra vez por audiencias masivas. Y, para muchos aún no acaba.
Otra historia de amor que también ha tenido un impacto en miles de audiencias fue Cincuenta sombras de Grey, un producto cultural cuestionado, criticado, pero irresistible, que conectó con deseos, contradicciones y fantasías colectivas.
Más allá del amor: morbo, dinero y fama
Aquí es donde el análisis se vuelve necesario. Guy Debord advierte en La sociedad del espectáculo que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes”. En ese sentido, Westcol y Aida no solo se muestran: encarnan una forma de vida que otros observan, consumen e imitan.
El influencer pasa a ser entonces, lo que Debord nombró como “vedette” contemporánea, representa lo que la sociedad considera vivible, deseable, alcanzable, admirable e incluso cuestionable. “El consumidor real se convierte en consumidor de ilusiones. La mercancía es esta ilusión efectivamente real, y el espectáculo su manifestación general”. El amor, el conflicto, el perdón y la exposición se transforman en contenido.
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De igual manera, también surge la comparación con El Show de Truman, de 1998. Roger Eber, critico de cine estadounidense, escribió que la película invita a reflexionar sobre “un mundo en el que las comunicaciones modernas hacen posible la fama, pero inhumana”. Truman acepta el mundo que le fue dado sin cuestionarlo; el público acepta la vida ajena como entretenimiento permanente. En el stream, las vistas se mantuvieron entre las 500 y 700 mil, cifra que sería anhelada por muchos canales de televisión hoy en día.
Miles personas se conectaron a ver un par de exnovios con un motivo: observar otras vidas, escuchar reacciones, historias, confirmar o desmentir teorías. Algunos, incluso, fueron atraídos por los clics virales en redes sociales y se quedaron escuchando, por devoción, amor, curiosidad, chisme. Un acto que tanto Merlano como el streamer paisa tienen claro.
Miles de personas se conectaron a ver un par de exnovios con un motivo: observar otras vidas, escuchar reacciones, historias, confirmar o desmentir teorías. Algunos, incluso fueron atraídos por los clics virales en redes sociales y se quedaron escuchando, por devoción, amor, curiosidad, chisme. Un acto que tanto Merlano como el streamer paisa tienen claro
Una estética marcada
Westcol encarna, además, una estética reconocible en el contexto colombiano. Omar Rincón, periodista y experto en temas de cultura y entretenimiento, lo explica con claridad: “Lo narco no es solo un tráfico o un negocio; es también una estética”. Una estética de ostentación, de exceso, de exhibición del éxito. No se trata de ética, sino de gusto, de forma de estar en el mundo.
El streamer exitoso, un reality con “todos los juguetes”, la promesa de dinero, visibilidad y poder simbólico responden a esa lógica. “La verdad, los narcos molestan por sus gustos, pero su dinero nos hace bien”, escribe Rincón, no como celebración sino como diagnóstico cultural.
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Aida y Westcol representan, cada uno a su manera, esa fusión entre intimidad, mercado y espectáculo. Ella convierte la experiencia emocional en testimonios de empoderamiento y literatura anecdótica; él transformó su vida de barrio popular a una de lujos y transmisión constante.
Juntos, recrean una vieja fórmula: la telenovela. Pero ahora es en vivo, interactiva y monetizable. No es casual que 700 mil personas hayan decidido mirar. No estaban viendo una reconciliación porque ese nunca fue el motivo de su encuentro, estaban participando del espectáculo bajo la idea de una historia de amor que se une nuevamente, pero por un motivo más comercial y financiero.