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Danza negra que se lleva en la sangre

08 de septiembre de 2008
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Cuando Rafael Palacios marca un movimiento se conecta con su esencia más recóndita, y mejor aún, con sus raíces, esas que buscan preservar a través de la danza.

Como parte del grupo de danza contemporánea Ébano, vivió y estudió en París, por 6 años, y viajó por África, en una especie de retorno a sus orígenes.

Durante ese período, en el que absorbió sensaciones e imágenes, a través de su cuerpo y la danza, porque "nunca he dejado el escenario", Palacios fue forjando un proyecto que une la técnica de la danza afrocolombiana, la africana y la contemporánea.

Con 39 años, Palacios es el alma y motor de Sankofa, un colectivo de 7 bailarines (hasta 15 dependiendo del montaje), que retoma tradiciones y expresiones de los afrodescendientes.

"Soy un coreógrafo que quiere hablar de la cultura negra", explica Palacios, quien recibió el Premio Nacional de Danza 2008, que otorga el Ministerio de Cultura, por el montaje San Pacho... ¡bendito!.

Como todas sus ideas, San Pacho, llegó tras seguirle el hilo a una idea, en este caso, sobre las Fiestas Patronales de San Francisco de Asís, que se celebran anualmente en Quibdó, y que se conocen como las Fiestas de San Pacho.

Luego de cinco días en los que se impregnó del evento, desarrolló el montaje, de 45 minutos de duración, en el que se muestran los símbolos y expresiones propias de la fiesta.

A este esfuerzo, que cobró visibilidad con el Premio de Danza, también se le unen otras propuestas como el bunde Parece que va a llover y La Puerta, esta última, una alusión a la forma como se traían esclavos a América.

Formar artistas
Luego de que culmina la etapa de montaje, y cuando presenta la obra, Palacios no descuida ningún detalle.

Es común verlo en el sitio reservado a la consola de luces y sonido, desde donde dirige que la obra salga perfecta. Sin extremos, "pues sus bailarines no son robots".

También prefiere sentarse entre el público, y observar la presentación que cada noche resulta distinta. "La disfruto mucho", remata.

Sin embargo, el trabajo no termina en el deleite de crear montajes. Palacios insiste en la necesidad de formar artistas en la tradición del Pacífico.

Para ello, ha viajado a Tumaco, Puerto Tejada y Buenaventura, y más adelante, lo hará a San Andrés, con la idea de crear escuela.

Un asunto que hace parte de esa especie de misión que prometió cumplir desde muy pequeño cuando bailaba la cumbia o el mapalé, en las agrupaciones, en Medellín.

Desde aquellas épocas, sabía en su fuero interno que quería dedicarse a ello como un profesional.

Una meta que siente que cumplió como una manera de honrar sus raíces, porque la danza la lleva en su esencia y su sangre.

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