Como buen sacerdote, el padre Nicanor, mi tío, es un adivinador de pesadumbres. Me leyó en los ojos mi estado de ánimo.
-Ven acá, pecador. ¿Por qué esa murria? A mí no me vengás ahora a contagiar de tristezas y melancolías. Ya tengo suficiente con mis propias amarguras.
-Usted, tío, con ese cuento de que "quien a Dios tiene, nada le falta", no debe tener ni veniales de estas crisis existenciales en las que, porque sí o porque no, nos enredamos a diario tantos pobres diablos que en el mundo estamos. Yo, mejor, doy media vuelta y me voy. Por lo visto, no está el palo para cucharas.
-A ti se te sube la depresión típica de los Ochoas y te ponés insoportable. A ver, ¿qué te pasa?
-No es nada personal. Me puse a analizar la realidad nacional para ver sobre qué escribía esta columna, (las chuzadas del DAS, por ejemplo) y me fue entrando una desazón, un desengaño y una decepción tan fuertes que dejé prendido el computador y me vine corriendo para donde usted, a ver si conjuraba esta putería (me perdona la palabra), pero veo que me equivoqué de exorcista. Mejor después vuelvo.
-Un momento, muchacho. Hablaste de decepción, ¿cierto?
-Sí, decepción y desengaño.
-Pues para que no me digas que voy a empezar a sermonearte, mejor me voy por los cerros de Úbeda y saco de la manga de mi sotana -hasta de mago tiene que hacer uno- una digresión etimológica. Tú sabes que a mí me gusta perder el tiempo en esas curiosidades.
-No entiendo padre, y menos eso de los cerros de Úbeda. Usted me está mamando gallo.
-Vamos por partes. Decepción viene del verbo latino "decipere", que significa burlar, engañar. Más que desencanto o frustración, lo que el vocablo traduce es la sensación que vive quien cae sorpresivamente en una trampa. No es sólo desilusión, sino también rabia, tristeza, desengaño.
-Que es lo que nos producen los escándalos de cada día en Colombia. Rabia por sentirnos engañados.
-Claro. Y ahí está la otra palabra: engaño, que por el italiano "ingannare" nos viene de la baja latinidad con el significado de escarnecer, burlarse de alguien.
-Ya entiendo. No sólo caemos en la trampa, sino que somos burlados y encarnecidos.
-Y regañados. Porque según Corominas (conocés su diccionario etimológico, supongo) el vocablo "ingannare" se deriva de la onomatopeya latina "gannire", que da origen al verbo castellano gañir, que es aullar o ladrar los perros, de donde procede regañar, que es no sólo dar muestras de enfado y reprender, sino también, dicho de un perro, emitir cierto sonido en demostración de saña, sin ladrar y mostrando los dientes.
-Exactamente ese es el espectáculo nacional. Un gruñir de perros enfrentados mostrándose los dientes, y una esgrima de regaños entre los diversos personajes del circo político.
-Pero me falta rematar. Según el diccionario de la RAE, desengaño es "conocimiento de la verdad con que se sale de un engaño o error en que se estaba".
-Y eso quiere decir?
-Que debemos agradecer la decepción y el desengaño, porque nos llevan a la verdad. Es lo que hay que hacer en Colombia: destapar mentiras. Dejar al descubierto engaños y errores.
-Padre, ¿y lo de irse por los cerros de Úbeda?
-La expresión significa precisamente lo que he hecho en esta columna: divagar, hablar fuera de propósito.
-Hablar paja, que decimos.
-Exactamente. Creo que te he decepcionado. Ya es hora de que empieces a desengañarte de este senescente tío tuyo.
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