El narcotráfico deja un mortal saldo social, político y cultural, es una perversa actividad que ha costado millones de vidas humanas. Lo peor es que el tema de las drogas también ha sido objeto de innovación. Hoy ya no hay que fumar ni oler nada, para "trabarse".
Hace cerca de 4 años en el mundo se habla de e-drugs o drogas digitales. Tomando algunos desarrollos de neurología y tecnología del sonido, se producen sonidos, semejantes a chillidos, que introducen al cerebro humano a un estado de inconciencia con sensaciones de tridimensionalidad.
Para "el viaje" únicamente se necesitan unos audífonos, pues por cada uno de los auriculares se emite un sonido diferente a la frecuencia escuchada por el otro oído, así el cerebro se sincroniza con ambas ondas auditivas y queda como en "un hueco mental".
Hasta el momento no han sido confirmados efectos secundarios provocados por estos sonidos. Aunque quienes los venden recomiendan no hacer cosas como manejar carro mientras escucha el sonido. Pues algunos sonidos alteran la coordinación y el equilibrio.
Algunos neurólogos advierten que aunque aún no se conocen efectos secundarios, no sería raro encontrar en el largo plazo entre sus consumidores, dificultades auditivas, daños cerebrales y hasta convulsiones.
Las sesiones de sonidos o las dosis, duran entre 15 y 30 minutos, y basta con descargarlas y ponerse los audífonos. Los usuarios las pueden comprar en sitios de internet especializados, y comprarlos por valores que oscilan entre los 2,50 a los 200 dólares. Aunque hay versiones gratuitas para los curiosos.
Actualmente, se cuentan de manera oficial más de dos millones de descargas de e-drugs. Para muchos es simplemente una nueva forma de estimulación auditiva, con un efecto que va desde un pocillo de café bien cargado, hasta la sensación de la morfina o la heroína.
Muchos no saben si funcionan o no, y por todos los medios en que se publicitan las e-drugs, dicen no causar adicciones. Se pueden comprar hasta sonidos como dosis como masoquista, orgasmo múltiple o éxtasis, que rememoran experiencias sexuales.
¿Las drogas digitales como tantos otros fenómenos, nos llevan a pensar si somos una especie que dignifica la libertad o la confunde con el placer? Si las cosas nada más por el hecho de darnos placer, nos hacen libres. ¿Y en últimas, la tecnología en drogas digitales es un medio o un fin del placer?
Si llevamos decenas de años en la lucha contra las drogas de volumen, ¿cómo pensamos la nueva lucha antinarcóticos?.
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