HISTÓRICO
El autogol de sociedad enferma
Sergio Villamizar | Publicado el 01 de julio de 2009
Hace quince años el país se estremeció con la noticia del asesinato del futbolista Andrés Escobar, tras el fracaso de la Selección Colombia en el Mundial de Estados Unidos, donde el defensa había marcado un autogol que apagó las aspiraciones del combinado nacional.

Ricardo Silva, que era un joven estudiante hincha de Millonarios y seguía los pasos de la Selección Colombia, también sintió el impacto de la noticia, y años después empezó a reflexionar sobre este crimen, tan terrible como él saber que el hecho no generó un cambio en una sociedad colombiana, donde el fútbol, por su nivel y sus grados de violencia, es el fiel retrato de un país.

Por ello, desde hace cinco años empezó a pensar en Andrés Escobar como un personaje llevado a la ficción para intentar reflexionar sobre la realidad colombiana.

Así nació Autogol, una novela que gira entorno al fútbol, pero que más allá del apasionamiento por este deporte, es una obra que habla de las enfermedades que aquejan a una sociedad como la nuestra.

El protagonista de la obra es un comentarista deportivo llamado Pepe Calderón Tovar, quien en el momento justo que se marca el autogol, queda sin voz.

"Según los médicos, la pérdida de la voz puede ser un problema mental que se genera por una serie de acontecimientos en la vida del afectado. En el caso del comentarista, el autogol, es la gota que derramó el vaso, y la novela es la mirada hacia atrás para ver por qué perdió la voz".

Y agrega: "Así como el fútbol, esta es una sociedad que vive enferma y que tiene su mayor shock con la muerte de un futbolista por un autogol. Lo más triste aun es que el hecho fue brutal pero no forzó a la sociedad a reflexionar sobre ello para que esto no volviera a pasar".

Para crear un comentarista deportivo, Silva realizó una encuesta a través de comentaristas reales, periodistas, técnicos y futbolistas, para darle forma a un ser que con un estudio básico y con poco hábito a la lectura, se hace llamar en la radio El Poeta.

Pepe Calderón, en la novela, es el encargado de crear a los ídolos, sobredimensionar al jugador que se está destacando, pero también es el verdugo que tiene lista la guillotina para sacrificarlo cuando se equivoca.

"Si vez el problema del país es el mismo problema que el fútbol, siguen los dineros oscuros, las acusaciones de arreglo de partidos o compra de árbitros, los dirigentes son los mismos y los directores técnicos son los mismos que van fracasando de equipo en equipo".

Silva plantea un mundo del comentarista deportivo, desde la ficción, lleno de una ética oscura, con su incapacidad de reconocer qué está bien o qué está mal. Donde lo corrupto lo hacen parecer no corrupto bajo la frase, "todo me lo estoy ganando con mi trabajo".

Silva decidió no contactar a la familia de Andrés Escobar para no caer en la tentación de relatar la vida de él, más de lo necesario.

Leyó los libros que han salido sobre su vida y trágica muerte, además de encontrarse con algunas personas cercanas a Escobar para que le relataran aspectos de la vida del futbolista.

"Me encontré con un hombre sumamente decente que merece ser el símbolo que es. De ahí que fuera el personaje que contrastara perfectamente con el comentarista Calderón. Andrés Escobar vivió una vida digna de ser narrada. Que la muerte de Andrés Escobar, ese hombre bueno que muestra la novela, sigue siendo una de las grandes tragedias de este país: una que quizás resume las demás. Escobar siempre miraba a los ojos porque obraba como pensaba", finaliza Silva.