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HISTÓRICO
El padre Calixto se fue y ganamos un amigo en el cielo
Gustavo Ospina Zapata | Publicado el 09 de septiembre de 2009

Cuando Nicolás Atehortúa salió a la carretera destapada que conduce a la vereda Normandía, de El Retiro, y enseñó una foto en su celular en la que mostraba el cadáver del sacerdote Gustavo Vélez Vásquez, ya no hubo duda: el padre Calixto había muerto.

Hugo Bustamante, el amigo del alma, fue el primero en mirar la imagen y entonces todo el dolor que llegó en esos momentos a su corazón también le inundó los ojos. Hugo calló unos segundos. Luego tomó aire y dijo una frase corta en sílabas pero inmensa en sentimientos y en profundidad: "Tenemos un amigo en el Cielo, un amigo de todos".

Le dio gracias a Dios, "porque el padre Gustavo, que fue mi amigo de toda la vida, tomó ese camino para buscarlo, era lo que él quería y así fue, ese sendero lo llevó al encuentro con Dios", añadió Hugo, a quien todos querían tomarle una impresión, una reacción, unas palabras, no sólo los periodistas sino también la Policía, los socorristas, las sobrinas del padre presentes en el sitio donde fue sacado el cadáver del sacerdote.

Pero también hubo un nudo en otros corazones.

Una de las sobrinas del padre que prefirió que no dijéramos su nombre, se abrazó a Hugo, lloró y agradeció que por lo menos se halló el cadáver, que su tío amado no se quedó perdido en las montañas de la reserva de San Sebastián de La Castellana, como en un momento se temió.

El padre Calixto fue encontrado por Nicolás y por otros campesinos de la vereda Normandía de El Retiro, hacia las 3:30 de la tarde. Un sitio muy lejano de donde todos suponían podría hallarse el religioso.

Tuvo una muerte dura, a decir verdad, inmerecida para sus condiciones y la grandeza de su corazón.

El padre estaba boca abajo, con su cabeza hundida en un caño de agua, debajo de un tronco caído. Aún tenía intactos sus zapatos negros, no aptos para caminar por una montaña agreste, su pantalón negro y su camiseta blanca. A unos metros estaba el sombrero vueltiao que siempre usaba cuando se iba de caminata o de paseo.

Seguramente rodó por un peñasco, dicen los campesinos que lo hallaron y lo corroboraron los socorristas y las autoridades cuando fueron a rescatarlo de la montaña. El padre, para llegar hasta ese sitio, debió caminar muchas horas, cuatro o más, y tener una fortaleza de muchacho, pues los mismos campesinos reconocieron que ellos no habrían podido llegar hasta ese lugar en unas condiciones tan adversas como las que tuvo que afrontar el religioso, de 78 años, el día que se perdió.

"Ahí demostró que era un duro pa'caminar, que era misionero, eso no se lo recorre cualquiera", afirmó Rogelio Quintero, otro labriego que llegó al lugar donde estaba el padre Gustavo.

Casi se salva
Los primeros cálculos de las autoridades luego de ver el sitio donde fue hallado el padre indican que entre el Mirador de los Caminantes, donde se separó de su amigo Hugo, y el sitio del accidente, hay una distancia entre los 2 y los 3 kilómetros lineales, pero que en la montaña tan quebrada, trochuda y boscosa pueden ser de cuatro o más horas de camino.

"El padre caminó mucho, tal vez se arrastró sentado para no caerse y como estaba oscuro no vio el despeñadero y cayó", relataron los campesinos.

Lo más triste es que a sólo 300 metros, un poco más o un poco menos, estaba la carretera a Normandía.

"Si el padre no se cae por ese peñasco, se salva, porque lo que seguía era facilito", sostuvo Nicolás Atehortúa.

Eran las 5:45 de la tarde de ayer cuando de la montaña fue sacado el cadáver del padre Calixto. Fue un momento de hielo, casi de silencio, como una reverencia para quien en vida llevó el mensaje del Evangelio al más humilde y el más encumbrado.

El padre Calixto no tuvo distingos. Su columna Tejas Arriba todos los domingos desde hace 31 años en EL COLOMBIANO es el fiel testimonio de su empeño por traducir el mensaje de Cristo y de hacerlo entendible por todos.

Hay luto en el corazón de Antioquia. Tal vez la única vez que el padre Gustavo equivocó el camino fue cuando tomó la trocha de la reserva de San Sebastián. Y fue para siempre. Pero en su familia hay serenidad a pesar del dolor. El padre Calixto se fue al encuentro con Dios. Y es un amigo más que todos tenemos en el cielo.