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HISTÓRICO
EL CORTIJO DE LAS FARC
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    EL CORTIJO DE LAS FARC |
Por HUMBERTO MONTERO | Publicado el 25 de febrero de 2013

Hay dos clase de personas. Las que son capaces de compartir el aire que respiran y las que pretenden crear un país en el que impongan a su antojo qué cuota de oxígeno podemos respirar el resto.

Ese tipo de personas recelan hasta del viento. Sospechan a cada instante, vigilan cada segundo. Son enemigos de la luz de la mañana y siervos de las sombras. Acechan al alba y espían el alma de los vivos para poder controlar sus sentimientos. Odian al mar porque es ingobernable y queman poemas de amor por sediciosos. Jamás tomarán las rosas mientras puedan, pues hasta el veloz vuelo del tiempo anhelan someter.

Los pistoleros de las Farc quieren crear un país, un cortijo, en el que el agua fluya por trincheras y los niños se cuadren a su paso.

Ese es el sueño que confían alcanzar en Cuba, ahora que ya no pueden gobernar Colombia entera.

Invitaba el otro día el presidente Santos a que las Farc cambiaran, por aquello del carnaval, la batalla de las armas por la de las flores.

La respuesta de la narcoguerrilla fue propia de una "chirigota" de otro carnaval, el de la andaluza ciudad de Cádiz, donde las comparsas se disputan el honor de cantar la copla más cachonda y cabrona, con perdón, desmembrando poco a poco a base de ironía a políticos, banqueros, reyes y cuanto se les ponga por delante.

Los terroristas, reconvertidos ahora en hermanitas de la caridad, se permitieron exigir el autogobierno de los territorios campesinos como parte de un nuevo grupo de ocurrencias sobre el tema agrario. Una propuesta que, al parecer, han puesto sobre la mesa en los diálogos de La Habana.

Estos sicarios de la coca a quienes Carlos Marx escupiría -los mismos que ponían collaresbomba, reclutan niños y violan a sus propias guerrilleras- demandan que los territorios campesinos tengan "autonomía política, administrativa, económica, social, ambiental y cultural, y en la administración de Justicia, a través de los mecanismos de la justicia comunitaria". El desmadre, vamos.

Lo que piden a Santos es ni más ni menos que otro Caguán, otra zona de despeje como la que le "colaron" a Pastrana, pero a lo bestia. Un país dentro de Colombia donde, de facto y por decreto, ellos hagan y deshagan a su antojo.

Su cortijo particular, un reino donde puedan traficar libremente con armas y drogas, y donde puedan ejecutar a través de lo que llaman "justicia comunitaria" a cuantos traten de pararles los pies o no colaboren.

No contentos con eso, por pedir que no quede, explican que esa autonomía implica "capacidad de autogobierno, autogestión y autodeterminación, enmarcada dentro del ordenamiento constitucional que resulte del nuevo contrato social pactado en la Asamblea Nacional Constituyente".

A cambio, ofrecen dejar de matar fuera de su hacienda, pues en su territorio ellos son la ley y necesitarán las armas.

Me temo que estos descerebrados con ínfulas de terratenientes de telenovela no han tenido a bien consultar a los campesinos a los que mantienen en un secuestro al aire libre y que no hay prevista encuesta, sondeo o referéndum para determinar a qué ley quiere someterse esa buena gente, si a la de la selva o a la que rige en el resto de Colombia con bastantes garantías más.

Entiendo que las Farc viven de carnaval con tal propuesta. Están de guasa los muy bribones. Como la dictadura venezolana y su penúltima devaluación bolivariana.

¡Qué "salaos"….