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HISTÓRICO
El diablo le puso los cachos al carnaval
  • El diablo le puso los cachos al carnaval | Hernán Franco | El diablo no aparecía en Riosucio desde hacía dos años. Cuando llegó, se vio un poco más atlético y juvenil. Además, movía la cabeza, los dedos y estaba acompañado por una culebra. Esta tradición cultural es el orgullo de una comunidad que se goza sus fiestas.
    El diablo le puso los cachos al carnaval | Hernán Franco | El diablo no aparecía en Riosucio desde hacía dos años. Cuando llegó, se vio un poco más atlético y juvenil. Además, movía la cabeza, los dedos y estaba acompañado por una culebra. Esta tradición cultural es el orgullo de una comunidad que se goza sus fiestas.
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 09 de enero de 2011

El diablo, esta vez, entró moviendo los dedos sobre una flauta larga, mientras su boca se movía, a veces saludando, otras como si la estuviese tocando. Música que seguro se conjugó con las chirimías que acompañaban a su majestad.

En Riosucio, Caldas, la noche del sábado fue para el diablo del Carnaval, que recibió aplausos cuando pasó por las calles del pueblo, saludando y moviendo la cabeza. Fueron dos años de ausencia y de extrañarlo.

Por eso, quizá los aplausos, cuando lo vieron las muchísimas personas que estuvieron en las calles y que entonaron con fuerza el himno del Carnaval al arribar a una de las plazas de Riosucio, a dar su saludo oficial.

La ansiedad por conocer a su majestad se sintió momentos antes de que apareciera. El pequeño Juan Sebastián preguntó varias veces que si ya venía el diablo y dónde lo podía ver.

Estaba en primera fila para ver el desfile, así como Nicolás Bernal, que no quiso salir sin su capa y sus cachos a darle la bienvenida al símbolo del Carnaval.

Muchos fueron los que acompañaron al diablo durante el recorrido. Disfraces de diablos y diablas, cachos, colas, música y hasta un papa que andaba colado por ahí, echando la bendición. "Es un ritual bellísimo, que todos los riosuceños lo sentimos en el alma", expresó Soffy Díaz, carnavalera y matachín desde hace muchos años. Iba con su vestido brillante.

El diablo del Carnaval, eso sí, se merece el mejor disfraz y hasta la mejor pinta. "Amerita salir así (de traje elegante con corbata) y más con este vestido que me lo envió Cristian Pior", dijo muy serio (con la seriedad del disfraz) Nicolás Lerma, matachín que durante muchos años hizo reír a su majestad. "Vivimos en función de recibirlo cada dos años", añadió él, quien es todo un personaje de la fiesta.

Su majestad saludó en el Parque de San Sebastián, a una multitud que con ponchos le cantó el "salve salve placer de la vida" a su Satanás querido.

Ese que es el símbolo y guardián de la fiesta, que nada tiene que ver con el diablo católico, y que lo que hace es invitar a gozar, a disfrutar en paz, de una celebración donde prima lo cultural.

"Muy bonito, pero muy pequeño", comentó la riosuceña Sandra Pimiento. Sin embargo, esta vez los elogios para la efigie fueron más que hace dos años. "Mucha tecnología", agregó el pequeño Juan Pablo Montoya.

Las cuadrillas
Mientras el diablo entró el sábado, 32 cuadrillas, en un gran desfile lleno de color, engalanaron las calles del pueblo desde las once de la mañana. Si bien su majestad es el símbolo de la fiesta, las cuadrillas son el elemento fundamental.

Son grupos de personas, muchas de ellas conformadas por familias o grupos de amigos de tradición, que durante un año preparan su disfraz y ensayan las canciones que después del desfile, van a cantarle al pueblo riosuceño en dos tablados y luego en varias casas cuadrilleras.

Con sus disfraces y música, cada grupo va llevando mensajes de protesta por lo malo que ha ocurrido en el país y en el pueblo, llamando la atención si es necesario, haciendo homenaje si también es posible y hasta dando consejos, si se puede la palabra:

"Y si no te cuidas, yendo a la camita, dentro e' nueve meses, mano peludita", se le escuchó a la cuadrilla La Mano Peluda, de la familia Vargas, en una de sus letras.

Las cuadrillas se pasearon todo el día por las calles y las casas de Riosucio, bajo la mirada del diablo del Carnaval y los aplausos de quienes las vieron, que estaban encantados.

Del Carnaval de Riosucio hay que llevarse una imagen, aunque encante a tantos, que en cada nueva edición, las dos plazas parecen pequeñas para tantas personas que no quieren perdérselo y que a todo pulmón gritan, "uff, uff, Carnaval".