A propósito del fervor venezolano por Chávez, cuyo pueblo está postrado frente al cadáver de su líder, no hay que olvidar que Antioquia también le rinde tributo cotidiano a un cuerpo embalsamado: el del beato Marianito, en Angostura.
Nacido en Yarumal en 1845, aunque murió hace 87 años, el cuerpo del religioso, a quien se le atribuyen milagros, sigue expuesto a los feligreses en la iglesia del pueblo, donde cada fin de semana llegan centenares de peregrinos a orarle, pedirle milagros o adorarlo.
En abril de 2000, el Papa Juan Pablo II lo declaró beato y por esas fechas el fervor por él se disparó en Antioquia y el país. La fe sigue intacta.
"Las caravanas de visitantes siguen llegando y es el mismo sentimiento", afirma el alcalde, José Miguel Vásquez.
La historia dice que diez años después de muerto, el cuerpo de Marianito fue exhumado para llevarlo a un osario de la capilla central, pero estaba intacto. Momificado.
"La gente quería cortarle pedacitos de carne para guardarlos y que les hiciera milagros", recuerda Luz Elena Ayala, directora de la Casa de la Cultura de Angostura.
Dice que conoce a una señora -y que seguro hay otras- que guarda un trozo de carne del beato y cuando está enferma la hierve, se unta el agua, "y así se alivia".
Al mes llegan en promedio de 5.000 a 12.000 feligreses a visitar el altar. Incluso extranjeros, según la estadística.
En Angostura se siguen bautizando muchos marianos y marianas, "en agradecimiento a lo santo que fue", sostiene el padre Hernando Arango.
Sólo su cara y sus manos están recubiertas con cerámica para evitar que le corten pedazos. Su cuerpo es el mismo que se sepultó hace 87 años.
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