"No hay que magnificar la problemática de Medellín", le respondió el general Luis Eduardo Martínez a este periódico el jueves 20 de mayo de 2010. Ahora él dice que Bogotá corre el riesgo de "medellinizarse". ¿Cómo es la cosa, señor Martínez, o cómo es usted?
Agregaba el alto oficial "también he insistido y tratado de llamar la atención de los respetables periodistas asentados en la ciudad de Medellín para que no caigan en el error de magnificar esta problemática, generando tal vez consecuencias negativas de largo plazo para la sociedad antioqueña". ¡Plop…, escribiría nuestro querido Pepón, en esa tira popular y honda: Condorito.
Como no puedo soportar el interés, la conmoción con estas incoherencias que merecen cinco estrellas (o soles), con unas charreteras enchapadas en oro, aquí va otro extracto de la carta del general enojado, porque en este diario se publicó una crónica que relataba detalladamente que en Medellín los delincuentes casi que exigían visa para pasar de un barrio a otro, en medio de las "fronteras invisibles" que ellos trazan y que en la época de Martínez como comandante de la Policía Metropolitana, y aún hoy, han cobrado tantas vidas. Leer para creer:
"Volver a presentar a Medellín como una ciudad invivible, cuya única ‘ley’ vigente es la de los delincuentes y en la que la ciudadanía en general es presa del pánico, como lo puedo interpretar del escrito periodístico en mención, considero que hace un daño enorme para la imagen nacional e internacional de la capital antioqueña (¡¿?…), generando desconfianza y hasta desprecio por sus habitantes". Otra vez, ¡plop…
Esta "preciosa" exposición de argumentos del general debe ir hasta el fondo, no solo hay que ver la "puntica" de semejante retórica:
"Además no quisiera que la población paisa, que tanto se ha esforzado por superar los estigmas (aquí voy yo: ‘medellinizarse’, por ejemplo), vuelva a ser reseñada en los aeropuertos del mundo, encerrada en baño y sujeta a extensos y humillantes interrogatorios por cargar sobre sus hombros el peso de una imagen no justificada en su totalidad de narcotraficante".
¿Qué quiere decir "medellinizarse", estando en Bogotá, señor Martínez? ¿Será que lo malinterpretamos o será que Usted quería decir lo que dijo? Como es notorio, a Usted le gusta disfrazar la realidad, ocultarla, ponerle ciertos trapos de travesti y decir que lo que vio en la noche no es lo mismo que encontró por la mañana.
Sigo con esa carta de colección que nos envió a los periodistas de este diario por relatar que en Medellín hay comunas en las que no se puede pasar de un barrio a otro sin caer muerto. Así es. Esta ciudad es maravillosa porque, aun con esas vicisitudes, se levanta.
"Sólo (sic) espero que mis palabras cumplan con el objetivo de lograr que evitemos que esta bella ciudad vuelva a ser recordada como ‘una ciudad del miedo’ (...) en este Comando siempre encontrará todo el apoyo profesional y personal que requiera y le pido que entienda que no pretendo que censuren la verdad". Condorito.
Ahora, de encima, vienen las autoridades locales, léase Alcalde y demás corifeos, y le escriben a este señor que lo entienden y que en el "marco del mayor respeto" (frase de cajón) entienden que el general Martínez no quiso decir nunca lo que dijo. Ah, bueno.
Señor Martínez, entendimos plenamente, hoy, por qué Medellín, cuando usted la cuidó, se la pasó de muerto en muerto en la guerra de "Valenciano" y "Sebastián", pero usted tenía otra frase mágica para hacer ver lo que no era: se trata de hechos aislados.
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