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El vuelo poético de Calero

15 de enero de 2009
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Una situación que no pasa de lo circunstancial, por no decir de lo obvio, como es el cobro de una pena máxima en el fútbol, les ha abierto los brazos a la poesía, a la literatura e incluso al cine. El arquero es uno de los protagonistas de ese ritual simbólico de muerte; el portero, en palabras de Eduardo Galeano, es llamado "mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped" (1).

El cobrador es el otro invitado a la escena que convoca el silencio y el comer de uñas en ese templo extraño, plural y multicolor que es el estadio. El juez que preside tan particular ejecución, llamado árbitro, ha vestido por tradición de negro y recibido el mote de "el nazareno de turno", calificativo que en Colombia popularizó el inolvidable Carlos Arturo Rueda C.

Ese fusilamiento simbólico es abordado por el escritor chileno Francisco Mouat, quien narra el duelo que tuvieron en 1964 Leonel Sánchez, máximo pateador austral de penas máximas, y "La araña negra", Lev Yashin, el mismo del recordado partido Colombia-Rusia en el mundial de Chile 1962, cuando Marcos Coll le anotó gol olímpico: "A dos pasos de la pelota, y sin bajar la vista del ruso, comprobé que aún no se movía. Reduje mi marcha y, al levantar la zurda, Yashin saltó como un gato y se la crucé al lado en que mejor patean los zurdos. Gol. Golazo" (2).

Por su parte, el escritor alemán Peter Handke, logra una bella metáfora al relacionar el crimen que comete el arquero -Bloch- y la situación que éste enfrenta al recibir como cancerbero una pena máxima: "Cuando uno se enfrenta a alguien -continuó el carabinero-, es importante mirar al otro a los ojos. Antes de que eche a correr, sus ojos indican la dirección en que lo hará" (3). El sufrimiento del Bloch criminal, pero que no renuncia a su espíritu de ser arquero, lo llevó al cine el director Win Wenders.

Al atajar esta semana, y en un mismo partido, cuatro penaltis con su equipo mexicano Pachuca, para así clasificar a la Copa Libertadores, el arquero colombiano Miguel Calero nos recordó que no sólo son posibles el vuelo poético y la inspiración alada en medio del mercantilizado y conservatizado fútbol de hoy, sino también rescatar del averno a quien sigue recibiendo, con más acritud que nunca, la condena pública de sus propios fanáticos y no precisamente la del juez de turno.

CODA. ¿Cuándo cesarán los fusilamientos masivos, esos sí ajenos a toda metáfora, que los israelíes siguen perpetrando contra los niños, mujeres y ancianos palestinos en Gaza, tanto desde arriba, desde abajo y hasta desde atrás?

(1) "El fútbol a sol y sombra".

(2) "El embrujo de los doce pasos".

(3) "El miedo del arquero al penalti"

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