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HISTÓRICO
ELECCIONES Y DEBATES
  • ELECCIONES Y DEBATES |
    ELECCIONES Y DEBATES |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 17 de octubre de 2012

Existe algo de consenso en la Ciencia Política respecto a que los debates políticos tienen poco efecto sobre las decisiones finales de los votantes en una elección presidencial. En efecto, los debates se realizan cerrando las campañas y la nueva información (si es que la hay) no logra cambiar las posiciones iniciales de cada uno de los votantes. O por lo menos eso creíamos.

Los dos primeros debates presidenciales de la actual campaña estadounidense nos han recordado la importancia que para algunos votantes tiene el desempeño de sus candidatos durante estos enfrentamientos.

La campaña de Mitt Romney aprovechó el empujón de su buen desempeño en el primer debate para remontar en las encuestas. El candidato republicano mejoró en la intención de voto, también en la recolección de donaciones, siendo septiembre, con 170 millones de dólares, el mejor mes de toda su campaña presidencial.

Las encuestas más recientes sugieren un empate en la intención de voto popular, con Romney en 47,4 % y Obama en 47,3 % para el 15 de octubre. Una mejora sustancial para el candidato republicano, al que el demócrata le había sacado entre cuatro y cinco puntos en los últimos tres meses.

Los debates presidenciales parecen tener pocos efectos entre los seguidores fuertes de cada uno de los candidatos, sin embargo, entre los indecisos, el impulso ganado por eventos como una buena presentación en un debate puede llevarlos a inclinarse por un candidato. Esta parece ser la explicación más probable para la ligera ventaja que está sacándole Romney a Obama; el candidato republicano está llamando la atención de los votantes indecisos, poco informados y más volátiles a la hora de decidir su voto.

A estas alturas de la campaña, los miembros más firmes de ambos partidos se pueden ver como “votantes fijos” con posiciones claras y afiliaciones consistentes, la verdadera pelea se está dando por los independientes, los indecisos y los abstencionistas. El asunto es que en una campaña tan reñida, el más leve cambio en la intención de voto o lograr asegurarse una ventaja en alguno de los estados claves, puede darle la victoria a uno de los dos candidatos. De esta manera, los debates, que pueden lograr que esa franja de indecisos se incline hacia un lado u otro, se vuelven fundamentales para la campaña estadounidense. El tercer y último debate podría decidir quién será el próximo presidente de los Estados Unidos de América.