Un caballo de colores, según su madre Doña Dilia Caldera , fue el que inició al futbolista Emerson Chamorro en el dibujo. Con esa primera ilustración se dio cuenta de la aptitudes con las que contaba para plasmar sus emociones a través de líneas y colores.
No firma sus cuadros porque no se considera un artista consagrado, pero cada que el fútbol le da un espacio, cambia los guayos y el uniforme, por el óleo y el carboncillo.
Descendiente de la comunidad indígena Embera, Emerson lleva el arte en sus venas y si en la cancha juega bien, en la pintura es un crack realizando cuadros.
"Al indígena siempre lo miran despectivamente, pero tenemos mucho que aportar".
Relata que su mamá, por cosas de la vida, llegó al Chocó y conoció a su padre Pascacio Chamorro , quien era inspector en la comunidad indígena. Tuvieron ocho hijos, entre ellos a Emerson. Después, su familia decidió llegar a Medellín. "Mi papá estudió en la Universidad de Antioquia y se vinculó con el Sena".
Reconoce que sus habilidades artísticas vienen de su padre, al que define como un gran dibujante y de niño, Emerson siempre observaba con fascinación sus dibujos.
Recuerda que en la época del bachillerato, en el colegio Corazonista, disfrutaba caricaturizando a los profesores y los compañeros. Por eso sueña con abrir una galería para exponer sus cuadros y revela que son rostros lo que más disfruta dibujando.
Habla del realismo mágico como todo un experto y su hogar, que comparte con su esposa Mónica y su hijo Lucas, de cinco años, está adornado con varias de sus obras. Una la llama la Primera Noche, en ella se observa a dos niños de espaldas a la ciudad. En otra representa al bien y el mal, con unos ojos que observan a un Cristo crucificado. También le da vida con el carboncillo a un trompetista.
Otras obras las tiene en la casa de su madre y la anécdota que más recuerda, fue realizando un cuadro cuando jugaba en Bajo Cauca, que por no firmarlo, alguien más tomó el crédito.
Allí vivía con otro compañero y había una persona que era muy pendiente de ellos y les ayudaba cuando no tenían para el mercado, en agradecimiento, Emerson le quiso regalar un cuadro. "Le hice unas guacamayas y se lo regalé, pero esa persona me mandó a decir que por qué no se lo había firmado y como yo ya me había ido, mi compañero lo firmó y casi lo daña".
Dice haber vendido pocos cuadros porque la mayoría los regala, pero el cuadro por el que más dinero recibió lo hizo en Bucaramanga al mayor accionista de ese club. "Él me pidió que le dibujara el rostro de su madre que ya había fallecido. Cuando él la vio, me dijo que cuánto le iba a cobrar, le dije que me diera 200 mil pesos y cómo le gustó tanto me dio un millón de pesos".
A sus 35 años dice que aún le quedan unos dos años más de fútbol y después se dedicará del lleno al arte. Arte que ya inculca en su hijo Lucas, que a sus cinco años, también disfruta intentando dibujar como su padre.
El sueño de Emerson no está muy lejos de la realidad y si en el fútbol no se consagró, como artista tiene un futuro más que prominente.
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