La corrupción es un cáncer nacional. Destruye riqueza y resta posibilidades de tener un país más desarrollado y equitativo. En lugar de ceder va en aumento, según la percepción de la ciudadanía, evaluada por el Barómetro Global de Corrupción 2013, de Transparencia Internacional, que deja muy mal parada a la clase política colombiana (Congreso y partidos), entre sus similares de 117 países.
Los propios ciudadanos participan del círculo vicioso de la corrupción. Casi una tercera parte admite pago de sobornos. Falta conciencia ciudadana, y más en el momento de elegir a nuestros dirigentes políticos.
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