Hoy continúo la reflexión sobre la pregunta del lector Julio C. Gutiérrez en torno a la divulgación de las encuestas electorales formulada, concretamente, en los siguientes términos: "¿Cómo se puede evitar que haya una manipulación de la opinión pública a favor del candidato más afecto al medio y al periodista...?"
En la columna anterior me referí a los aspectos generales que deben ser tenidos en cuenta por los periodistas para que las encuestas no se salgan del marco informativo del interés ciudadano y se conviertan en propaganda y pieza estratégica de los candidatos. También, a las normas que contempla el periódico en esta materia.
Carlos Olimpo Restrepo, Editor Político de EL COLOMBIANO, precisa: "Desde mucho antes de la campaña a la Presidencia, el periódico publica, cada dos meses, una encuesta de percepción ciudadana sobre los gobiernos nacional, departamental y municipal, y el manejo que se les da a los problemas más relevantes del país, así como sobre la imagen de algunas personalidades e instituciones del país.
Este estudio es elaborado por la firma Gallup Colombia Ltda., con recursos propios de esa empresa, para vender a diferentes clientes, entre ellos medios de comunicación, como EL COLOMBIANO, y en la ficha técnica que se publica con la encuesta, siempre se hace esta precisión".
Y agrega el Editor: "Es diferente en el caso de las encuestas sobre intención de voto. En el caso más reciente publicado por este diario, un grupo de medios encargó a Gallup Colombia Ltda. para que realizara el estudio bajo los parámetros fijados por los medios, con base en las leyes vigentes. Cada uno de los medios contratantes hace los aportes que le corresponden, para que la empresa Gallup Colombia Ltda. haga el estudio. Como en el caso anterior, esto queda consignado en la ficha técnica".
Pienso que los ciudadanos debemos desmitificar un poco las encuestas políticas presentadas con exageración o con algún elemento extraño al interés informativo.
Una encuesta es una fotografía instantánea. No es predicción de nada. Sería perverso presentarla como el resultado de una jornada electoral. Sería igual a tomarle una fotografía al grupo de ciclistas punteros un kilómetro antes de la meta y anunciar al campeón anticipadamente. En este trecho, más o menos corto, pueden suceder cambios.
Por esta razón las distintas encuestas, si están bien hechas, profesional y éticamente, muestran una realidad que puede cambiar a medida que se acercan las elecciones. Los medios de comunicación, los periodistas y los ciudadanos debemos evaluar cuáles son las solventes que merecen credibilidad.
Me parece que es sano ver las encuestas electorales sin excesiva reverencia científica porque se puede menospreciar el análisis periodístico del cuestionario, de la metodología empleada en la recolección de los datos, de los criterios para construir la muestra, de las limitaciones estadísticas, etc.
A veces el periodismo peca por el afán de informar quién va adelante sin detenerse a mirar otros aspectos que introducen elementos de distorsión informativa y comprometen la credibilidad del medio de comunicación y del periodista.
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