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Fresquito

  • Juan David Ramírez Correa | Juan David Ramírez Correa
    Juan David Ramírez Correa | Juan David Ramírez Correa
31 de octubre de 2011
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Confieso: la campaña electoral para la Alcaldía de Medellín me dejó más cansado, extenuado. Sentí miedo, náuseas, pánico, tristeza, desazón y miles de cosas más que, a la larga, mantenían un sabor amargo en la boca y una gran incertidumbre frente al futuro de una sociedad que se carcomía por los errores de muchos gobernantes y que le incumplieron al pueblo, a los votantes.

Semejante cansancio y sensación tan maluca durante los tres o cuatro meses que duró la campaña, fue dolorosa, porque la democracia estaba amenazada por un ambiente sórdido de populismo y demagogia que a mí -otra confesión- me tenían al borde del ataque. Las estrategias maquiavélicas que se tradujeron en un juego de propaganda negra y los embelecos prometidos me hicieron sentir pavor y físico miedo de regresar a épocas ya superadas.

El gran consuelo siempre fue el saber que frente a cualquier amago de sombra negra que se acercaba, estaban ahí dos verdaderos candidatos: Aníbal Gaviria y Federico Gutiérrez. Ellos siempre fueron capaces de devolver un poco la esperanza en medio de la sordidez planteada por el otro candidato que tenía opción de ganar. Sí, el otro candidato, del que no diré su nombre. El otro, que según las encuestas mostraba apoyo popular pero también un inmenso rechazo de gran parte de la sociedad.

El estilo y los embelecos prometidos recordaron patentico, patentico, un pasado lleno de cuestionamientos y excentricidades que muchos aún no se explican cómo fueron concebidos.

A esto se les sumaron los interrogantes generados por las denuncias de apoyo de personas y estructuras ilegales, que dominan en los barrios y que ejercen la ley del más fuerte a punta de gatillo, extorsión y negocios ilegales.

Además, el tipo dejaba una sensación de "yo soy el mejor y sin mí, Medellín no existe", desconociendo los pasos hacia adelante que ha dado la ciudad. Eso, sumado a la cola de historias y temas no aclarados, obligó a muchos a optar por montarse en el voto útil, con tal de que el personaje en cuestión no ganara. Triste, porque esa opción quemó las posibilidades de que una persona tan valiosa para la ciudad como Federico Gutiérrez pudiera avanzar más.

Hoy, dos días después de los comicios para la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, siento un fresquito por lo sucedido. Confío plenamente en los ganadores y empieza a surgir una nueva sensación de enorme expectativa y de buen augurio sobre el futuro que les espera a la ciudad y a Federico Gutiérrez como nuevo líder político de gran potencial.

Créanme, el fresquito no es solo mío, es de muchos que creen plenamente en que Medellín va por una senda de progreso y vale la pena seguir por ese camino. El domingo, mientras veía y leía las noticias de los resultados electorales, encontré cientos de mensajes en las redes sociales.

"Vivo en una ciudad que aún tiene cordura", "Una ciudad culta y unida es capaz de ser contundente ante la mentira", "Ojalá que dentro de cuatro años no nos vuelvan a pegar otro susto", "Queda demostrado que aún tenemos memoria", "Lo mejor es que hay esperanza...", "¡Bien por Medellín!", "Los ganadores de hoy: Medellín y Antioquia". "Trabajo en equipo, respeto, honestidad". "Cuatro años de buenos augurios".

Vuelvo: el mismo fresquito que yo siento, lo sienten muchos. Eso me da más tranquilidad. Tenemos que aprender a que hay capítulos que se cierran y, en este caso, así debe ser.

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