Tocando puertas allí y allá, en todas partes, Gladys González logró que otras 14 mujeres la apoyaran para crear la Corporación Manos Unidas con Futuro en Chigorodó.
Desplazada de Medellín, por el desaparecido Bloque Metro de las Auc, Gladys llegó a este municipio del Urabá antioqueño en 2004.
En un solar armó su casa de madera. Acomodó las dos maletas que cargó y con sus tres hijos echó de nuevo andar el carro de la vida.
Trabajó en la acción comunal de su barrio, gestionó recursos para otras familias desplazadas y una mañana, junto a sus amigas, decidió crear una corporación para ayudar a otras personas con su misma problemática.
Entonces estas 15 mujeres cabeza de familia, gestionaron recursos con la Alcaldía de Chigorodó para sus proyectos productivos. Vendieron paletas, hojuelas y tamales. Y en 2006 bautizaron la organización como actualmente se le conoce en el municipio.
Pero a las puertas de la pequeña casa de Gladys siguieron llegando mujeres que fueron desplazadas del Chocó, Carepa, Dabeiba, Mutatá y Medellín. Los grupos armados asesinaron a todos sus esposos.
Al arribar a Chigorodó, muchas de estas víctimas de la violencia, conocieron el trabajo de la Corporación Manos Unidas con Futuro.
"La gente se fue uniendo cada vez más, y ahora ya somos 280 familias", asegura Gladys.
Un trabajo por los niños
Las personas que conforman esta organización saben que su misión es buscar recursos para la población desplazada. No solo siguen vendiendo tamales, empanadas y hojuelas. También confeccionan ropa y la venden en Medellín.
Pero el esfuerzo más notorio de estas familias se centra en mantener activo un restaurante escolar para 500 niños.
"Con el apoyo de la Alcaldía hemos creado un comedor para los niños más necesitados. A cada uno se les da un almuerzo diario", narra Gladys.
En la casa de Gloria Góez, integrante de la corporación, los niños reciben su plato de fríjoles, de sopa, de arroz, de tajadas y de carne. "Esta es la comida más importante para ellos. En sus casas comen muy poco por las necesidades de las familias", explica.
Pero la Corporación Manos Unidas con Futuro todavía no cuenta con una sede.
Junto con Gloria Góez y David Medina, ella sigue tocando las puertas en todas partes para que su organización tenga un lugar.
Cada 15 días se sigue reuniendo afuera de su casa con 18o, 200 y 250 personas.
A final de año, la corporación les guarda una sorpresa a estos 500 niños.
"A los pequeños les damos su estrén cuando nace el niño Dios", asegura esta mujer de 38 años de edad. Una trabajadora infatigable por la población desplazada de Chigorodó.
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