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HISTÓRICO
Goebbels a la criolla
  • Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
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Andrés Felipe Arias | Publicado el 28 de enero de 2011

Paul Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, utilizaba una técnica que le resultó muy efectiva para promocionar el régimen Nazi: repetir y repetir una mentira hasta que se convertía en verdad ante la percepción del público. Tan buenos resultados le generaba esta técnica que logró convencer al pueblo alemán de que la victoria estaba cerca cuando el régimen Nazi ya estaba derrotado. Ello, por supuesto, acompañado de una estrategia para evitar que saliera a la luz pública la información real.

Fue un genio perverso y tenebroso de la comunicación. Logró promover odios, generar persecuciones, inducir asesinatos, desencadenar brutales torturas y, encima de todo, convencer a las masas de la bondad del régimen Nazi, con versiones muy alejadas de la realidad. Todos conocemos cómo fue el holocausto.

Creería cualquiera que ese tipo de estrategias sólo pertenecen a un oscuro pasado de la humanidad. Pero no. En Colombia también se ven estrategias goebbelianas. A la criolla, pero goebbelianas al fin y al cabo. He aquí un ejemplo.

Todo comenzó con la infiltración en mi campaña política por parte de una persona dispuesta a todo. ¿Los móviles? Vaya uno a saber. ¿Políticos? Quizá. ¿Económicos? También es posible. Independientemente de los móviles, los resultados del macabro plan fueron contundentes. Lograron extraer información fragmentada de la campaña. Con ello, y a través de anónimos, dañaron familias, enlodaron personas, fracturaron la campaña y, lo peor, lograron poner en bandeja de plata esa información fragmentada para que se construyera una gran mentira. ¿Cuál mentira? Que yo había utilizado programas del Ministerio de Agricultura para financiar fraudulentamente la campaña. En ese momento comenzó la máquina goebbeliana a operar. La máquina logró que se repitiera hasta el cansancio la gran mentira. Con ello muchas personas se convencieron de que la acusación era verdad. Vinieron los ataques, los insultos, los ultrajes y las calumnias del día a día. Hasta ahí vaya y venga. Dicen los que saben que eso es normal (aunque deplorable, pienso yo) en la política.

Sin embargo, con el paso del tiempo la acechanza se intensificó, no sólo contra mí, sino también contra mi familia: hurtos, amenazas de muerte, filtraciones del esquema de seguridad, etc. Cualquiera sale a defenderse. Pero no. Contra la máquina goebbeliana de propaganda era imposible.

Pero para la verdad, el tiempo y la justicia, Dios. Hace pocos días el Consejo Nacional Electoral me exoneró de la infame acusación. Dice el fallo del Consejo: "Resuelve. Artículo Primero: Dar por terminada la investigación administrativa adelantada por la presunta vulneración de las normas relativas a la financiación de las campañas de los precandidatos a la Presidencia de la República, por parte de la campaña adelantada por el Dr. Andrés Felipe Arias. Artículo Segundo: Ordenar el archivo del expediente contentivo de las actuaciones administrativas adelantadas".

La votación por parte de los magistrados fue unánime en mi favor. Pero el daño moral ya había sido perpetrado. Y eso es lo que la máquina goebbeliana buscaba: enlodar, enlodar y enlodar, hasta convencer la galería. Por la máquina hemos pasado funcionarios, congresistas, militares y hasta ciudadanos de a pie. Es realmente tenebrosa. Quizá el asesinato, la tortura y el sufrimiento que produce la máquina no siempre son físicos. Pero son suficientes para acabar con el patrimonio moral de las personas y las familias.

¿Algún día se detendrá? Dios quiera, porque, de lo contrario, mucho patrimonio moral inocente será sacrificado. Y así no se debe hacer la política. En cualquier caso, insisto, para la verdad, el tiempo; y para la justicia, Dios. A eso nadie escapa. Ni siquiera Goebbels.