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HISTÓRICO
Grupos ilegales agitan el Atrato
  • El río Atrato es la principal vía de comunicación para muchos de los habitantes de Chocó y, a pesar de que está muy vigilado por la Fuerza Pública, es usado también por los grupos armados ilegales para sacar drogas y entrar armas, municiones y víveres.
    El río Atrato es la principal vía de comunicación para muchos de los habitantes de Chocó y, a pesar de que está muy vigilado por la Fuerza Pública, es usado también por los grupos armados ilegales para sacar drogas y entrar armas, municiones y víveres.

  • Los grupos emergentes actúan en algunas cabeceras.
  • Las Farc están en zonas alejadas del afluente, pero siguen intimidando.
  • El río más importante de Chocó es una gran ruta para los ilegales.
Por
Carlos Olimpo Restrepo S.
Enviado especial, Quibdó

Por las aguas del Atrato, los habitantes de los municipios y caseríos ribereños se mueven con relativa seguridad, debido al control del Ejército sobre el río.

Pero las comunidades asentadas en algunos de sus afluentes soportan la presión de los grupos ilegales y de las bandas emergentes asociadas al narcotráfico.

Mientras los frentes 34 y 57 de las Farc se replegaron en años pasados a zonas alejadas del Atrato y, ocasionalmente, se acercan a algunos caseríos pequeños, grupos como Renacer, Águilas Negras y Los Paisas están más cerca del afluente y, según denuncias recogidas por organismos humanitarios, algunos de sus hombres se encuentran en las cabeceras municipales de Bojayá, Riosucio y Carmen del Darién, en Chocó, y Vigía del Fuerte, en Antioquia.

"En el caso más reciente, aparecieron unos volantes en Riosucio en los que se anuncia la llegada de Los Paisas. Los organismos de seguridad están verificando esta denuncia", señala Luis Enrique Murillo, asesor de Paz y Asuntos Humanitarios de la Gobernación del Chocó.

"En los últimos meses ha entrado mucha gente nueva, sobre todo del Valle y de Antioquia", añade el funcionario en alusión a los integrantes de las bandas emergentes.

La gran vía
Al igual que el río San Juan, el Atrato es una vía importante para el Chocó, además de las carreteras que llevan a Antioquia y Risaralda.

Y por eso se presenta la disputa entre los ilegales, pues quien controla estas rutas tiene más facilidades para sacar la cocaína que se produce en los laboratorios.

A orillas del Pogue, un afluente del río Bojayá, viven 417 personas. Hasta diciembre del año pasado, el frente 57 de las Farc mantenía presión sobre estos campesinos, dedicados a la explotación forestal y a los cultivos de pan coger.

La llegada de las Fuerzas Militares obligó al grupo a replegarse, "pero ahora la gente tiene miedo de salir a trabajar, porque la guerrilla dice que uno es informante del Ejército o de los paras. Y si uno tiene celular es peor, porque se debe ir para algún sitio elevado, donde entre la señal, y ahí se puede ganar un tiro", señala un habitante de la comunidad.

Al Pogue y otros ríos que comunican con el Atrato, los grupos ilegales los usan ocasionalmente como vía alterna para sacar drogas y entrar armas, municiones y víveres.

Aprovechan que la Fuerza Pública no puede estar en todos los afluentes a la vez y circulan sus cargamentos por algunos de ellos, hasta donde la navegabilidad lo permite, desde donde caminan varias horas -entre cuatro y seis- por la selva chocoana, llegan a otro río pequeño que da al océano Pacífico y desde allí sacan y entran lo que necesiten.

"En las bocas del Atrato es igual. No siempre la Armada puede vigilarlas todas y los narcos, la guerrilla y las bandas aprovechan", dice un funcionario.

Y ante esta situación, los habitantes quedan signados por el señalamiento de unos y otros. "Que somos colaboradores de la guerrilla, de los paras, del Ejército, porque por aquí pasan todos, están un tiempo y se van cuando viene los otros", dice el habitante de Pogue.

Y para estos ciudadanos tampoco es fácil tener confianza en la Fuerza Pública, pues durante décadas no estuvo presente y hoy, aunque permanece en las cabeceras, sólo aparece de manera ocasional en los caseríos.