Con el peso de la historia sobre sus hombros y parado frente a dos millones de ilusiones que lo veían en la explanada del Capitolio de Washington, Barack Obama juró a las 12:02 del mediodía de ayer como el primer presidente afroamericano de Estados Unidos.
Buena parte del planeta lo siguió a través de radios, televisores e internet cuando puso la mano sobre la misma Biblia en la que Abraham Lincoln juró lealtad como mandatario, en 1861.
Las expectativas eran inmensas. Barack Obama, de 47 años de edad, ha basado gran parte de su afecto popular y acierto político en los discursos a lo largo de su corta carrera. La oratoria es quizá uno de sus puntos más fuertes.
Fue entonces cuando, segundos después de una serie de cañonazos de saludo, se acercó a los dos micrófonos dispuestos para amplificar su voz y a las 12:04 de la tarde dio la alocución más importante y esperada de su vida.
Agradeció al ahora ex presidente y muy impopular George W. Bush y durante poco menos de 20 minutos convirtió la crisis, la esperanza y la unión en el eje de sus palabras.
Fue un pronunciamiento conciliador pero certero, por momentos conservador pero también retador, en el que recorrió el núcleo de las problemáticas de la primera potencia del mundo y evocó la historia de los fundadores de la patria y al sentimiento de la unión nacional para superarlas.
Reconoció que la economía rota, las enredadas luchas que se libran en Irak y Afganistán y el creciente desprecio por Estados Unidos en el resto del mundo son los nubarrones de la nueva era a la que él le abre las puertas.
Con un claro mensaje de esperanza y de cooperación, no solo con sus ciudadanos sino con otros pueblos del mundo, el nuevo presidente aceptó que a su país le ha faltado liderazgo pero que ahora es el momento de recuperar el tiempo perdido.
"Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad, el reconocimiento por parte de cada estadounidense de que tenemos obligaciones hacia nosotros mismos, nuestra nación y el mundo", afirmó.
El público lo detuvo cinco veces. Los aplausos, tras frases que invitaban a recuperar los valores fundacionales de la nación, eran sonoros en Washington, una ciudad tradicionalmente fría y acartonada.
Tiene claro, y lo demostró ayer, que su país y el planeta lo ve como el estandarte de una forma distinta de dirigir a la única súper potencia.
Se mostró como todo lo que Bush no es y dijo: "A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y comenzar de nuevo el trabajo de rehacer a Estados Unidos".
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4