A los hombres se les subió el pantalón cuando se sentaron. Se les vieron las medias, menos a ella, la única mujer. Se le subió el pantalón, y se le vieron los pies, porque no tenía medias, ni zapatos cerrados.
El señor de la mitad, Jaime Abello Banfi, de medias café, director de la Fundación para el Nuevo Periodismo (Fnpi) fue el que empezó. "Muy raro hacer una conversación de ocho". Nueve con él, que preguntaba.
Estaban en orden indiferente. En la esquina izquierda Germán Rey y, hacia su derecha, Carlos Fernando Chamorro, Sergio Ramírez, Jean-François Fogel, la mitad, Héctor Abad, Jon Lee Anderson, María Teresa Ronderos y Martín Caparrós.
Luego explicó que eran miembros del Consejo rector del premio Gabriel García Márquez, que iban a hablar de eso y, por supuesto, de lo que Gabo llamó el mejor oficio del mundo.
Germán Rey r ecordó esa primera vez que se reunieron a hablar del premio (antes era Premio Nuevo Periodismo), convocados por el Nobel colombiano. Fue el día de la famosa respuesta de Gabo. Alguien, entre el discurso del cura en un matrimonio de una pareja de 60 años sobre la importancia de la familia, que contó Carlos Monsiváis, y la conversación de muchas cosas, le preguntó, de pronto, ¿qué es una crónica? "Una crónica es un cuento que es verdad".
Jaime propuso hablar de la ética, la independencia, la pasión y así se irían en la conversación de nueve, no obstante, cada quien terminó contando su historia. A veces tenía que ver con la respuesta. A veces no.
Jon Lee fue juicioso. Vocación y la pasión. "Sabía desde chico que quería ser explorador. Tenía la suerte de la familia del culto al libro. Mamá nos contaba historias. Desde niño supe eso de contar historias".
Solo que la mamá le dijo que él escribía y eso fue un calvario, porque su espíritu rebelde lo alejó, en principio. Trabajó en otros oficios, hasta que llegó a Perú, vio el aviso de que buscaban reporteros y él fue, aunque solo había trabajado en un periódico que tuvo a los 9 años y un día de reportero en el colegio. Lo contrataron. "Poco a poco fui adquiriendo el oficio. Yo no tenía dinero, el sueldo no me daba para más de un cuarto, no podía tomar el bus. Yo estaba mísero, pero feliz. De ahí en adelante ha sido cuestión de vocación. Uno no escribe solo para entretener, sino para incidir en el tiempo de uno".
Dos intervenciones para cada uno, sin orden. María Teresa habló de la curiosidad, de ser editora. Héctor Abad de la importancia de dudar de todo. Sergio de la frontera entre la ficción y la no ficción. Chamorro de la credibilidad y la independencia. Fogel del periodismo, su relación con lo digital, sus cambios.
Todos pasaron por la crónica, hasta Caparrós, que mientras los escuchó se jaló, suave, su famoso bigote que no está tan largo como en otros tiempos. Habló del "famoso" tema de la imposibilidad de ser objetivos. El ejemplo es que si a alguien le tocara escribir una noticia de la charla y tratara de ser neutral, tres líneas para cada uno, ya sería subjetivo al tener que elegir qué líneas merecen ser citadas. La subjetividad se pone en juego y se dice, es lo que sucedió.
"La crónica, en cambio, lo que hace, entre otras cosas, es ser honesta y decir que esa subjetividad existe. Lo que te voy a contar no es lo que pasó. Es una de las versiones posibles".
Escribió la primera línea de lo que sería su crónica sobre esta charla. "Sentado en el centro de la escena, el gordo de la camisa azul los manejaba con dos o seis palabras. Él decía vocación y Jon Lee Anderson hablaba de su madre. Él decía independencia y Chamorro hablaba de su padre, y así sucesivamente. Es decir, encontrar algo que valga la pena ser narrado de otro modo, entrar de otra manera. Me parece que es una de las bases de la crónica. Después seguimos, porque sino sería muy largo".
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8