Lo que les pasará a los hijos de la tal Rita Lina, nadie lo sabe. Hasta hace dos o tres años, era común escuchar en los colegios que una dosis de Ritalina no se le negaba a nadie, expresión alentada por maestros hartos de lidiar con estudiantes necios al punto de que, en 2006, se habló de uno al que no se le facilitó la matrícula en un colegio si no tomaba esa medicina, situación obviada luego.
La semana pasada, un estudio del Instituto Nacional del Abuso de Drogas de Estados Unidos, reveló que esa molécula, el metilfenidato, puede causar cambios físicos en las neuronas de las regiones cerebrales ligadas a la recompensa, tal como lo hace la cocaína.
Aunque el estudio fue hecho en ratones, Nora Volkow, directora del Instituto, comentó que pese a que la prescripción de la Ritalina para el síndrome de Déficit de Atención e Hiperactividad no incrementa el riesgo de una adicción, su empleo no recetado sí puede conducir a ella, tal como sucede con otros estimulantes del sistema nervioso central que intensifican la actividad cerebral y ocasionan un aumento de la agudeza mental, lo que evidencia lo poco que la ciencia conoce sobre cómo esa medicina afecta la estructura y la comunicación entre las células cerebrales.
En 2004, un estudio de Luis Bertel y Sandra Giraldo, auspiciado por la Facultad Nacional de Salud Pública, estudió el uso de la Ritalina en el Valle de Aburrá durante seis meses de 2003. En ese entonces, ya el medicamento estaba bajo monopolio del Fondo Nacional de Estupefacientes.
En la muestra había pacientes de solo 5 años, hasta los 19, la mayoría de 6, aunque el promedio era de 9 años. El 96,8 por ciento de los 93 casos analizados fueron medicados por presentar aquel síndrome.
Por una llamativa coincidencia, la utilización era mayor en los momentos en que se acercaba el fin de un periodo escolar, cuando se demanda más atención del estudiante.
Yong Kim, autor del estudio del Instituto, declaró que el metilfenidato, que se creía era un compuesto inocuo, puede tener efectos estructurales y bioquímicos en algunas regiones del cerebro, que pueden ser mayores que los que produce la cocaína y recomendó más investigaciones para determinar las implicaciones en el comportamiento de tales cambios.
Aunque no hay datos confiables del consumo en nuestro medio, quizás sería conveniente reclasificar la necedad. Es más barato y seguro.
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