Luego de probar prolongadas mieles de dos de las tres instancias democráticas, poderes puestos a un lado se resisten a viudez impuesta por la tercera. Durante doble período pujaron por plegar esta única apelación renuente a sus intereses. Fue precisamente ella la que les negó continuidad.
No han cesado en su dolor, pues habían considerado largo reinado hacia el cual tejieron cuidadosa urdimbre para cuya solidez torcieron párrafos, incisos, principios y teorías. Agregaron, con mayor esmero, acopio de territorios, control de tráficos, siembra de ganancias, copamiento de instituciones locales, halagos a fuerzas regulares y reconversión de irregulares.
Una vez defenestrados de la cúpula central, cerraron filas alrededor de sus alfiles acusados, crearon bufetes de jurisperitos con nombres tomados de adversarios, consiguieron países donde esquivar responsabilidades, aseguraron tribunas periodísticas, guarnecieron centros de pensamiento mesiánico.
Ni un minuto para respirar se tomaron. Artilugios del progreso, para los que se adiestraron con maestros extranjeros, fueron utilizados con el fin de no dejar instante sin réplica, furia sin alivio. Ven con ilusión muy cercana la oportunidad de su revancha. Dos años son lapso banal para estas huestes persistentes que saben del significado del dominio y de su insaciable sed de tiempo.
Anuncian retorno al poder, más pronto que tarde, como hecho irreversible. Poseen imperio real en el país feudal y esta conciencia les suministra altanería. No en vano cavaron cimientos y levantaron muros de refundación. No para nada consolidaron fosas.
Entre tanto, el otro país mira despavorido, se precave y calla. Más vale no ver, no saber, no recordar, habitar la ficción de una historia que comienza cuando aquí no pasaba nada. Desde la primera voz nacional se imparte discurso prudente. No pelear con ellos, no hacer declaraciones públicas traducibles a desafío, tragar sapos.
Algunas medidas expiatorias para sacrificados intentan abrirse camino, ojalá sin pisar callos. Cada vez que se alzan voces biliosas, balbuceos borran la energía con que aquellas se proclamaron. Y así marcha la pequeña historia del presente.
A pesar de que la población confía en que la potencia del norte impida golpe militar por estilo de los usuales en segunda mitad del XX, día tras día la altisonancia sube y el juego de póquer amenaza con dejar de ser un juego.
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