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HISTÓRICO
Indígenas no soportan más bala en sus resguardos
  • Indígenas no soportan más bala en sus resguardos | Guerrillera huye de la ofensiva del Ejército. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Indígenas no soportan más bala en sus resguardos | Guerrillera huye de la ofensiva del Ejército. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
POR JUAN CARLOS MONROY | Publicado el 14 de julio de 2012

En el cerro Trincheras en Jambaló (Cauca) el combate alcanza su mayor intensidad y el sonido de las ráfagas es cada vez más fuerte. Para las Farc es la señal de que la tropa escala y se acerca. Los 10 guerrilleros que defienden a tiros de fusil y con tatucos la cima de esa montaña ya no disparan de pie sino acostados, hasta que los gritos ordenan que ya es momento de retirarse y corren montaña abajo.

"Corra, corran, ahí viene el Ejército", gritan los insurgentes vestidos de uniforme camuflado, el mismo que usan los soldados. La diferencia es que los combatientes son hombres y mujeres jóvenes, algunos de ellos de piel morena, cabello liso y con esos rasgos inconfundibles que revelan que son indígenas.

A la carrera descienden aferrados a sus fusiles y al artefacto artesanal que usan para lanzar los tatucos (explosivos improvisados), que tanto daño y muertes provocan entre los soldados y la población civil. Se dirigen a otra montaña.

A los pocos segundos de su ascenso se vuelven invisibles en medio de la densa neblina que cubre la parte alta de ese otro cerro y que apareció hace poco tiempo para reemplazar un día claro y soleado. No hay más señales de esos guerrilleros, perseguirlos sería caminar a ciegas para los soldados y los expondría a una emboscada. Sin más disparos, el silencio retorna a ese sector de la vereda Zolapa.

Una vez más la naturaleza juega en contra de las tropas del Ejército en este entramado de agrestes montañas del norte del Cauca, donde los riscos de difícil tránsito y el clima dificultan las operaciones militares por tierra y aire. Y eso lo saben los guerrilleros de la columna móvil Jacobo Arenas que hoy dominan este sector, llamado cerro Trincheras porque desde hace más de 40 años es un fortín donde han repelido muchas ofensivas militares.

Tirado en el suelo, mientras suenan las ráfagas del Ejército y las Farc, José Domingo Manza , gobernador indígena del Resguardo Pioyá, con zozobra dice: "Esta es la dura realidad que sufrimos casi a diario en nuestros territorios invadidos, la guerrilla siempre ha controlado estas partes altas. Por eso la posición de nuestro pueblo de que mientras esté el Ejército, la guerrilla no va a desalojar nuestras tierras y al contrario será igual".

El líder lamenta por los habitantes de la zona, que deben desplazarse por varios días cuando los combates se intensifican y por los indígenas que son reclutados por las Farc. No es el único escenario del conflicto. Horas antes, en la misma montaña, la guerrilla demostró su fuerte presencia al convocar al Comité internacional de la Cruz Roja (CICR) y a la prensa para entregar el cadáver del técnico primero Óscar Raúl Castillo Moncaleano , uno de los dos tripulantes del avión Súper Tucano A-29B de la Fuerza Aérea que cayó a tierra un kilómetro abajo donde los guerrilleros entregaron el cadáver y sostuvieron el combate. Un subversivo vestido de sudadera y buso, armado con un fusil, guió la comitiva hasta un matorral donde estaba el cuerpo.

Mientras el Gobierno ha negado que fue derribado por la guerrilla, los habitantes de la vereda Loma Larga, donde aún yace la aeronave convertida en latas retorcidas y enterrada a la mitad en un cultivo de maíz, insisten en que cayó a tierra por los impactos de las armas insurgentes.

Un campesino que trabaja en su parcela relató que luego de varios días de combates, vio dos aviones surcar el cielo y al mismo tiempo a los guerrilleros disparándoles: "Había mucha de esa gente en este cerro y disparaban desde esos filos y el avión que iba atrás se fue en picada echando humo y no volvió a alzar vuelo. Luego se llevaron a uno de los pilotos ya muerto y al otro lo dejaron porque el cadáver quedó destrozado".

Ese mismo día (jueves) continuaron los hostigamientos contra la Policía en Jambaló, Corinto, Miranda y Argelia. Ataques que hacen parte de una escalada de los frentes 6, 60 y de la columna móvil Jacobo Arenas que en 15 días ya dejan tres muertos, una veintena de heridos entre policías, campesinos e indígenas y municipios incomunicados por el derribo de antenas de comunicaciones, como pasó en Jambaló.

También aumentan las consecuencias humanitarias para lo población civil. Según las autoridades indígenas y el CICR, unas 2.800 personas se han desplazado de las zonas de combates.

Resistencia indígena
La intensificación del conflicto en el Cauca, y en especial en el norte, considerada como una de las 10 retaguardias de las Farc, generó una reacción de las comunidades indígenas, la mayoría de la población de la zona.
El principal escenario de la "Minga de Resistencia" es Toribío. Sus habitantes recuerdan que han sufrido más de 610 hostigamientos en los últimos 20 años, 14 tomas guerrilleras y aún no se reponen del carrobomba que las Farc explotaron el 9 de julio de 2011.

Vociferan en voz alta que están "cansados de la guerra y la invasión de sus territorios sagrados" y a pesar de la advertencia del Gobierno de no desmilitarizar un centímetro de estas montañas, unos 300 indígenas escalaron desde el pasado martes hasta llegar a la cima de La Torre, donde el Ejército construyó una base para proteger las antenas de comunicaciones.

Guiados por la Guardia Indígena, con sus propias manos y empuñando picos y palas, desmantelaron los cambuches y refugios construidos con sacos de arena, donde 100 soldados vigilaban las antenas.

Ante la mirada atónita de los soldados, los indígenas rellenaron con tierra las trincheras cavadas por los militares para repeler los hostigamientos de la guerrilla. "Somos desplazados por los indígenas", decía uno de los soldados al ver cómo los nativos desarmaban las carpas de telas camufladas. Otro militar relataba que había estado en muchas regiones de conflicto, también con indígenas, como en La Macarena "pero nunca había sentido este rechazo".

Para los líderes del cabildo local esta acción responde a una iniciativa que empezó en Toribío, que planean extender a todos los municipios del norte del Cauca. "Cumplimos con la minga de resistencia, no permitiremos la presencia de ningún actor armado legal o ilegal porque estamos cansados de la guerra y nos vamos a quedar hasta que el Ejército desaloje de aquí y la guerrilla también se vaya", declaró el consejero indígena Carlos Andrés Alfonso.

Los primeros asomos de la movilización civil se dieron el pasado martes. La rabia y la indignación se apoderaron de un grupo de habitantes, la mayoría indígenas, quienes desmontaron las trincheras de la Policía en el casco urbano y luego se dirigieron a cerros cercanos y expulsaron a los guerrilleros tras recriminarles sus ataques.

Se oponen a la Minga
Pero esta "resistencia" no es compartida por todos los habitantes de Toribío, en especial por los pobladores mestizos, que no están de acuerdo con la salida del Ejército y la Policía.

"Si se va la Policía y Ejército quedamos a merced de la guerrilla, como pasó en 2002 después de una toma que nos quedamos sin autoridad y las Farc aprovecharon para reclutar a muchos jóvenes y aprovecharse de la gente", recordó un habitante y sus vecinos, que además insisten que entre la gente habían milicianos.
En este municipio, que se convirtió en símbolo del conflicto en Cauca, los pobladores viven con constante miedo. En muchas casas ondean banderas blancas como señal de protección de bienes civiles protegidos por el Derecho Internacional Humanitario (DIH).

La Policía se mantiene encerrada en un búnker y a las ocho de la noche la gente se encierra en sus casas y todo se queda a oscuras. Con eso, dicen sus habitantes, se evita que desde las montañas la guerrilla identifique a los policías y soldados, porque muchas veces las balas perdidas no distinguen entre los uniformados, civiles o incluso niños.