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Brahian: con 14 años y ya es todo un “teso” de las aves de Jardín

El joven, que vive en la vereda Serranías de este municipio, ya sueña con ser biólogo. A su corta edad posee una gran colección de plumas de diferentes especies.

  • Brahian enseñando la cantidad de plumas de aves que guarda en su fólder, y los cráneos de varios ejemplares característicos de la zona. FOTOS JULIO CÉSAR HERRERA.
    Brahian enseñando la cantidad de plumas de aves que guarda en su fólder, y los cráneos de varios ejemplares característicos de la zona. FOTOS JULIO CÉSAR HERRERA.
  • Brahian, enseñándole sus “tesoros” a algunos de los visitantes de La Ceja. FOTO: Julio Herrera
    Brahian, enseñándole sus “tesoros” a algunos de los visitantes de La Ceja. FOTO: Julio Herrera
12 de enero de 2026
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En Jardín tal vez no hay cuadernos más llenos de color que los que tiene Brahian Vergara. No porque sea amante de los dibujos, ni por pintar cada una de las páginas. Es por una razón específica y hasta poco común en jóvenes de su edad: en sus páginas hay una colección de cientos de plumas de aves de diferentes especies.



Los tonos de las plumas, que contrastan con las hojas negras que sirven de fondo, hacen alusión al municipio donde reside este joven que, con tan solo 14 años, ya tiene claro que quiere dedicarse a la biología. Y cómo no, si Brahian conoce y menciona, sin duda ni error, un sinnúmero de nombres de ejemplares que habitan tanto en su territorio como en diferentes regiones del país.

Según contó Brahian, a los ocho empezó con su prima a recoger ‘hojitas’ caídas de los árboles en la vereda Serranías de este pueblo, donde vive con sus padres y sus dos hermanas. Lo que hacía era tomarlas, limpiarlas y pegarlas con colbón en las páginas de una libreta convencional, práctica que empezó a perfeccionar y por la cual adquirió un gran interés.

Un día, su abuelo Gonzalo Gallego –figura clave en lo que hoy día Brahian desempeña con ahínco– le entregó una pluma de un ave, un gesto que aportó a la curiosidad de este chico y despertó la vena coleccionista.

De a poco obtuvo más y más plumas. Ahora no caminaba mirando al frente sino hacia abajo, expectante de cualquiera que pudiera sumar a su “álbum”.

Si bien ya había llenado más de un cuaderno con lo recolectado, Brahian no lo dejó ahí, ahora la tarea era identificar a qué especie correspondía cada pluma. De algunas ya tenía conocimiento previo, pero otras eran nuevas para él, así que minuciosamente inició la categorización.

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Azulejos, barranqueros, guacharacas, turpiales, sinsontes, colibríes y más, son las aves de las que quedó con un recuerdo tangible, del que dispuso con el mayor de los cuidados para completar su obra.

Así fue como llegó a su meta: un fólder robusto y plastificado, con la imagen respectiva de cada ejemplar y las plumas que los identifican. Más allá de este asombroso cometido, que de por sí ya es destacable por la rigurosidad investigativa que ejecutó, hay otras partes de las aves que Brahian cuida como su más grande tesoro.

En unas cajitas plásticas con sellado hermético, conserva cráneos de algunas de las especies anteriormente mencionadas. Desde el más grande que es el de barranquero hasta el más diminuto que corresponde al colibrí. Están intactos, como si hubieran sido disecados por un experto en la materia.

“Es un proceso que requiere de mucha paciencia. Una vez encuentro el ave muerta, la entierro y la dejo el tiempo de descomposición según el tamaño: las más grandes se demoran unas dos semanas, las más pequeñas una o menos. Hay un mosquito por aquí que se le conoce como mosquito de cementerio, ellos se meten a la tierra y al cráneo, ya descompuesto, le impregnan un tipo de huevo, entonces cuando los saco para limpiarlos, esas larvas me toca quitarlas con una aguja. Es lo más difícil, porque la tierra sale sin problema”, explicó.



Las plumas y los cráneos de tantas aves no podrían haber quedado en mejores manos que las de Brahian. Su esmero por conservarlas es tan fuerte como las ganas que tiene de sumar más a su colección, una que ya es de conocimiento público.

Brahian, enseñándole sus “tesoros” a algunos de los visitantes de La Ceja. FOTO: Julio Herrera
Brahian, enseñándole sus “tesoros” a algunos de los visitantes de La Ceja. FOTO: Julio Herrera


De recibir clases a dictarlas

El próximo 19 de enero, Brahian empezará décimo grado. Allí claramente funge como alumno, pero se convierte en profesor cuando de aves se trata.

Desde marzo de 2023, su familia inició con un emprendimiento en la casa de sus abuelos: El Mirador del Bosque, un agradable espacio del que se divisa todo el municipio de Jardín y la iglesia del parque principal que destaca por su diseño arquitectónico.

Allí van propios y extranjeros a conocer más sobre esta localidad, a quienes Brahian no solo les muestra su colección, también les enseña los tipos de aves, cómo son, dónde se encuentran y cuáles son sus principales características.

Se nota que la docencia se le daría bien en un futuro. Mantiene atento y participativo a su grupo mientras, con detalle, expone cada una de las páginas de su fólder. Los asistentes quedan encantados después de las charlas. Les parece casi irreal que un niño de 14 años sepa y entienda tanto de ornitología.


“Es como estar viendo a todo un profesional. Qué lindo saber que desde tan pequeños son tan aplicados con estos temas. Ojalá siga así y muchos más escuchen todo lo que tiene para decir y enseñar”, señaló una de las visitantes.

Aún faltan dos años para que Brahian termine su bachillerato; no obstante, no es dubitativo cuando se refiere a su futuro profesional.

¿Y qué quiere estudiar Brahian?

“Biología”: así, con contundencia y determinación, responde Brahian cuando se le pregunta por lo que desea estudiar una vez salga del colegio. La pasión por la naturaleza es lo que lo mueve, y si a eso se le suma el terreno que ya obtuvo por cuenta propia, investigando acerca de diferentes áreas, podría afirmarse que su decisión es más que sabia.

“Una de las opciones que he analizado es la Universidad de Antioquia. Me gustaría mucho empezar allí y hacer mi carrera. Aunque, al tiempo, me pongo a pensar en mi familia, porque todos acá somos muy unidos, y saber que tengo que irme a Medellín para perseguir mi sueño es algo difícil, pero lo importante es que ellos me apoyan y quieren que salga adelante”, explicó.

Una de las personas que más lo ha acompañado y sigue haciéndolo en cada paso es su madre, Daniela Gallego, quien a pesar de reconocer que sería complicado ver a su hijo marchar para lograr sus cometidos, es consciente que su futuro es lo más relevante.

“Lo hemos conversado, y sabemos que es una decisión dura, pero yo le digo que ‘con toda’, que persiga lo que más quiere y sea persistente en sus estudios, sé que puede llegar muy lejos con ese gran talento”, puntualizó.



Por ahora, Brahian seguirá haciendo lo que más le gusta: cuidar de las aves en su municipio y, si es posible, coleccionar más de sus plumas. Gracias a varios videos que se han divulgado con su labor, muchos se han ofrecido a ayudarle, sea con más herramientas para sus qué haceres e incluso, con lo que vaya a estudiar en un par de años. Lo que es claro es que este joven tiene bien planeado su vuelo, y su aterrizaje solo dependerá de lo lejos que esté dispuesto a llegar.

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