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HISTÓRICO
Joumana Haddad, una guerrera furiosa
  • Joumana Haddad, una guerrera furiosa | Lorena Acevedo Rodas | En su más reciente obra, Yo maté a Sherezade , Joumana Haddad pretende derribar la imagen de la mujer árabe sumisa y tradicional que tanto circula en occidente. Un ensayo lúcido, provocativo e inteligente, escrito con el pulso firme de una mujer árabe furiosa. Estuvo en el Hay Festival y EL COLOMBIANO habló con ella.
    Joumana Haddad, una guerrera furiosa | Lorena Acevedo Rodas | En su más reciente obra, Yo maté a Sherezade , Joumana Haddad pretende derribar la imagen de la mujer árabe sumisa y tradicional que tanto circula en occidente. Un ensayo lúcido, provocativo e inteligente, escrito con el pulso firme de una mujer árabe furiosa. Estuvo en el Hay Festival y EL COLOMBIANO habló con ella.
José Guarnizo Álvarez | Publicado el 31 de enero de 2011

Joumana Haddad toma aire y hace una pausa para sacar un paquete de tabaco inglés, con el que se armará un cigarrillo.

No es la mujer árabe invisible y muda que esconde la mirada a los interlocutores. Haddad es, al contrario, una especie de volcán destellante que hace erupción cada vez que decide soltar frases.

"Yo no soy una Sherezade que le cuenta historias a una autoridad. Hago literatura para mí misma sin tener que negociar con un poder", dice.

Pero Haddad también es una mujer dulce, cuyas cejas negras y profusas, dan pie a un par de ojos hondos y claros como el almíbar. Es una mujer atractiva.

"Soy lo que me dicen que no sea. Soy lo que oculto. También lo que quiero ocultar y no oculto (?). Soy un -dime cuánto me quieres- y -no te creo-", se lee en su libro Yo maté a Sherezade , una obra que le valió elogios del Nobel Mario Vargas Llosa.

Joumana nació el 6 de diciembre de 1970 en Beirut, en una familia católica. "Ser de Líbano no quiere decir que seas musulmán. Ese es un cliché que se ha extendido en Occidente", aclara, mientras deja salir una bocanada de humo.

Crecer bajo las reglas de un mundo árabe, sin embargo, le otorgó a Joumana su estilo y su furia. "He vivido y crecido con mucha hipocresía y hostilidad. Por eso he decidido ser una guerrera".

Una guerrera cuya arma es, por supuesto, la palabra. Tal vez por eso habla siete idiomas, incluyendo el español. "Las lenguas me han dado la posibilidad de ir al encuentro con el otro, lo que es por añadidura, la posibilidad de ser más libre".

La literatura es su "espada". "He vivido en medio de la esquizofrenia de quienes huyen de las palabras", dice, refiriéndose a la censura soterrada que para Medio Oriente significa la sexualidad y el erotismo.

Y añade: "Es mi derecho sobre la lengua. No llamar las cosas por su nombre sería como violar mis derechos como escritora", declara.

El mundo árabe calla
Yo maté a Sherezade es una exploración a su vida como periodista en un país de hombres periodistas. "Ser una escritora en un país árabe significa para muchas -pero, por fortuna, no para todas- escribir en código, de suerte que, por ejemplo, un amante pasa a llamarse 'buen amigo' y un padre violador, 'el padre de la pobre chica de la casa de al lado'".

También, el libro es una introspección a la mujer que se ha separado por segunda vez, un recorrido por la hija de cristianos que se vuelve agnóstica y por aquella chica que no cree en el amor eterno. Todas ellas es Joumana.

"No existe el hombre ideal. Yo lo que creo es que para determinada época de la vida, puede existir un hombre ideal. Puede ser el mismo, pero no necesariamente. No le vería problema en casarme por tercera vez", confiesa.

Sentada en el pasillo de un antiguo convento, donde hoy se levanta el hotel Santa Clara, de Cartagena, Joumana atiende a un centenar de mujeres que quieren, en medio del sopor costero, una firma. Es la primera vez en esta edición del Hay Festival, que un escritor despierta tal fervor.

Cada frase que Joumana deja salir resulta provocadora. "Ser una mujer escritora en un país árabe significa hacer frente, con frecuencia, a la sospecha insultante de que un hombre escribe a tu sombra lo que tu publicas bajo tu nombre".

Y es por eso que el mundo árabe guarda silencio. Mientras Yo maté a Sherezade es traducida a 10 lenguas, mientras el Premio Blue Metropolis de Montreal y el Premio Rodolfo Gentili, de Italia, reconocen su calidad literaria, los ortodoxos callan.

"Claro que a todos no les ha gustado. En algunos sectores hay un silencio fatal sobre el libro. Pero es algo a lo que estoy habituada. No será fácil que una mujer hable sin tabúes", dice.

Alguien del público le pide a Joumana que lea en voz alta un fragmento de su obra. Ella accede y entonces prosigue.

"Soy chantaje, mi vicio inaugural. Soy guerra y el cadáver del hombre que los combatientes arrastraron ante mí (?). Soy los libros que leí de niña y que no eran adecuados para mi. Soy la adolescencia de mi pecho derecho, y soy la sabiduría del izquierdo". Así termina Joumana, la libanesa furiosa.