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KONY NO ES EL PROBLEMA

  • ANGELO IZAMA | ANGELO IZAMA
    ANGELO IZAMA | ANGELO IZAMA
21 de marzo de 2012
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En el norte de Uganda, la temporada seca se utiliza para quemar arbustos; el fuego aleja a las serpientes y otros depredadores. En el lado ugandés del límite con Sudán del Sur, debajo de la cresta de una colina a lo largo del Nilo, hay un pueblo que los locales llaman Odrupele. Es un lugar donde abundan las serpientes.

Hasta hace unos años, los niños que caminaban por los senderos del pueblo temían a una amenaza mayor que se escondía entre los arbustos: el posible secuestro por parte de miembros del Ejército de Resistencia del Señor, cuyo líder, Joseph Kony , inició una brutal campaña para derrocar al gobierno de Uganda, utilizando niños soldados.

La temporada seca era mejor, pero así como las serpientes, el LRA (por sus siglas en inglés) regresaba con las lluvias. Ese culto de miedo fue inmortalizado este mes cuando la película "Kony 2012" se hizo viral en internet. Pero mucho antes de Kony, las personas eran víctimas de la caza humana por los ejércitos del Rey Leopoldo de Bélgica, el dictador Idi Amin y luego los gobiernos ugandeses. La violencia es un negocio que no involucra a sólo un hombre o su organización.

El pueblo de Odrupele, también llamado Dufile, cerca de donde atendí las escuelas primaria y secundaria, una vez sirvió de puerto interior para cargamentos de marfil y esclavos. Por un giro de la historia, Kony está ahora en la República Democrática del Congo, el viejo patio de juegos de Leopoldo, donde se reubicó a finales de 2005.

Forjando su propio camino sangriento con cuerdas, cuchillos y pistolas, está sobreviviendo con métodos de baja tecnología, mientras 100 miembros de los ejércitos más avanzados del mundo se unen al esfuerzo por asesinarlo o capturarlo.

Aunque millones de personas entienden fácilmente los métodos malvados de hombres como Kony, la política tan esencial para el sostenimiento de sus brutales campañas es más difícil de comprender. Kony se ve a sí mismo como un liberador y siempre ha tenido aliados en lugares poco probables.

Kony, como otros villanos en la región que han sido acusados de crímenes de guerra, ha tenido éxito más que todo como agente de intereses ajenos. En los 90 fue adoptado como representante por el gobierno sudanés en Khartoum, que en ese entonces estaba envuelto en una guerra con el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés en Sudán del Sur.

Uganda apoyaba el SPLA (por sus siglas en inglés) y consideraba a Uganda del norte colateral en una guerra más grande. Cuando los dos Sudán firmaron un acuerdo de paz en 2005, la licencia de Kony casi se vence.

Kony sigue beneficiándose del auspicio del presidente sudanés, Omar Hassan al-Bashir , pero aún más de la rivalidad entre el presidente del Congo, Joseph Kabila y el presidente de Uganda, Yoweri Museveni . Esa rivalidad proviene de finales de los 90, cuando Uganda ocupó al Congo antes de finalmente ser forzado a retirarse en 2003 bajo presión internacional y acusaciones de saqueo y violación.

Kabila ha puesto la mirada ciega en el LRA porque sirve como contrapeso a la influencia de Uganda en el este del Congo.

La reubicación de Kony al Congo vino después de muchos intentos fracasados por desarraigarlo, incluyendo la Operación Puño de Hierro y el establecimiento del Ministerio para la Pacificación del Norte.

Mientras tanto, abundaron acusaciones contra la alta cúpula militar de Uganda, que se estaban enriqueciendo, incluso inflando la nómina con "soldados fantasma", a medida que gastaban millones en defensa.

La táctica de la tierra quemada que trasladó a las víctimas de Kony a campos para "personas desplazadas internamente" resultó en miles de muertes por enfermedad mientras que los luchadores del LRA regresaron durante las lluvias para secuestrar y asesinar.

Cuando "Kony 2012" se mostró en Uganda del Norte, las personas reaccionaron con ira, frustración y temor. Además del hecho de que Kony ya no estaba en el país, muchos ugandeses no querían que nadie les recordara su existencia.

Los residentes locales nunca olvidaron que las nueve vidas de Kony fueron autorizadas por las políticas del grupo que lo ha estado buscando. Algunos políticos del norte acusan al gobierno ugandés de negligencia criminal o estar resolviendo viejas batallas políticas.

Otros, enfurecidos por las condiciones a las cuales el gobierno los sujetó, simpatizaron con Kony. La mayoría simplemente estaba harta de la guerra y apoyó diálogos de paz para acabar con el conflicto.

El asesinato de Kony puede que lo remueva del campo de batalla, pero no curará las condiciones que le han permitido prosperar por tanto tiempo n

* Angelo Izama, periodista ugandés, fue Knight Fellow en la U. de Stanford en 2011.

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