El Presidente Juan Manuel Santos inicia hoy su primer viaje oficial y no resulta una coincidencia, sino una estratégica jugada diplomática y política, que el destino sea Brasil. Después de encauzar las relaciones con Venezuela y Ecuador, y mantener en su primera línea de prioridades los contactos con Washington, el Jefe de Estado colombiano ratifica así su interés en recomponer su agenda con América Latina.
Con el olfato político de siempre y la inteligencia de un avezado ajedrecista, Santos abre con Brasil una simultánea partida diplomática, dispuesto a mantener la ofensiva y revertir las diferencias comerciales con el "gigante del sur", que son deficitarias para Colombia en poco más de 2.000 millones de dólares, al cierre de 2009.
El enroque que el Presidente Santos hizo con Venezuela y Ecuador antes de llegar a Brasil demuestra que el tema de seguridad fronteriza y colaboración mutua en materia de lucha contra el terrorismo y los grupos armados ilegales van al mismo ritmo del intercambio comercial, y no cada uno por su lado.
De hecho, uno de los puntos de la agenda con Brasil contempla la cooperación militar e intercambio de información fronteriza que Luiz Inácio Lula da Silva ratificó durante el gobierno de Álvaro Uribe, que se diluyó entre la polémica que desató la ampliación del acuerdo en seguridad y defensa de Colombia y Estados Unidos, declarado "inexistente" por la Corte Constitucional.
El buen momento político que lleva Santos a Brasilia y Sao Paulo coincide con el agite electoral en Brasil, que escogerá nuevo presidente a comienzos de octubre próximo, en momentos en que la candidata del partido de Gobierno, Dilma Rousseff, lleva una ventaja de casi 20 puntos en las encuestas sobre José Serra, lo que augura un triunfo del continuismo de Lula.
Ese hecho político, sin duda, tiene importantes implicaciones para Santos. Su programa de Prosperidad Democrática, que en buena parte es una lucha contra la pobreza y el desempleo, podría tener en Brasil un acumulado de experiencia y buenas prácticas para implementar en nuestro país. Al mismo tiempo, hacer de ese socio estratégico un trampolín para incursionar en otras economías donde Lula da Silva ya juega de local, en especial para conseguir el acercamiento de Colombia a los mercados del llamado G-20.
En estas nuevas relaciones será fundamental el liderazgo de Brasil en materia minera y energética, pues Colombia tiene centradas sus expectativas de crecimiento en estos dos frentes. El intercambio de tecnología y la cooperación para avanzar juntos en temas de infraestructura fronteriza son claves para conseguir un desarrollo regional que convierta a América Latina en un bloque económico que funcione como potencia mundial.
Las últimas jugadas de Santos en este tablero regional son un buen síntoma del papel que Colombia seguirá jugando en el hemisferio. Sin duda, como socio natural de Estados Unidos, pero con un nuevo ímpetu de liderazgo capaz de poner a su favor las fichas de la diplomacia en la región, bajo los parámetros del diálogo franco y directo que tan buenos resultados están dando.
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