Sin importar su corta edad y baja estatura, cuando María Alejandra Escobar Ruiz toma la batuta en su mano se crece en el escenario.
En ese momento se concentra en lo suyo, en la música por la que vibra apasionadamente desde la secundaria y en lograr que toda la orquesta, en conjunto, entregue "lo mejor que podemos a través del sonido".
Es entonces cuando los músicos dejan de ser sus compañeros en la Universidad Eafit, para responder con seriedad y disciplina al movimiento de sus manos, algo que parece fácil y trivial pero que requiere de una técnica completa. "A través del gesto de las manos se revela lo que de manera abstracta o tangible está en las partituras", explica María Alejandra.
Siguiendo las huellas de su maestra Cecilia Espinoza -directora de la Sinfónica de Eafit-, a quien le tocó luchar contra viento y marea antes de abrirse un espacio en la historia musical del país, María Alejandra quiere sumarse al grupo de mujeres directoras de orquesta. "Es bueno romper el mito de que la dirección es solo para hombres por la connotación que se tiene de ellos con el poder. Las mujeres lo estamos logrando".
Está a punto de ser directora oficialmente a finales de este año cuando reciba su grado de Música con énfasis en Dirección en la Universidad Eafit, pero ya ha tenido el honor de dirigir la Sinfónica de este centro educativo, con gran reconocimiento, así como la orquesta estudiantil y una barroca que, por falta de tiempo, tuvo que dejar.
Si bien la figura del director siempre le pareció "hermosa e incluso imponente, lejos estaba de pensar que era lo mío", explica María Alejandra mientras recuerda su infancia.
Canta y encanta
Hija de un padre melómano a quienes desde pequeños (ella y su hermano) les inculcó el gusto por la música clásica, y de una abuela que fue pianista, María Alejandra prefirió, en un comienzo, el canto.
Recuerda entonces a su profesor Wilmer Aguilar, director del coro en la secundaria en la Universidad Pontificia Bolivariana con quien estuvo en muchos festivales corales. "El coro polifónico era bastante bueno, con un gran repertorio clásico. Incluso, hacíamos montajes a cuatro y cinco voces", anota.
Por eso al momento de definir su carrera profesional pensó que sería el canto lírico, pero al llegar a Eafit y descubrir que allí podía estudiar dirección, su corazón dio un vuelco: eso sí era lo suyo. Y para acabar de ajustar, contó con todo el respaldo de sus padres.
Sigue cantando, y encantando. Desde hace seis años pertenece al Coro de Cámara Arcadia. Lo hace no solo porque le gusta sino como un complemento de su formación musical, así como le tocó aprender a tocar piano, algo que no tenía en mente pero que ahora disfruta y resulta ser un requisito básico para la dirección.
Con los grandes
María Alejandra define a un buen director como alguien que tiene disciplina y entrega, rigurosidad, concentración, el entendimiento de la armonía, el estudio permanente y la buena memoria.
Estos aspectos son claves para saber interpretar a los compositores y sus obras, enmarcadas éstas en el contexto en el que se produjeron. "Debemos ver una obra desde la poética, que nos permita construir historias de lo que es abstracto, para interpretarle a la orquesta las sonoridades", explica esta joven de 24 años que tiene claro para dónde va.
"Al terminar mi carrera deseo hacer una maestría en Dirección en la Escuela Sibelious en Helsinki, Finlandia, catalogada como una de las mejores. Luego me gustaría quedarme un tiempo en Europa y regresar para concretar un proyecto de montar una escuela de musicales al mejor estilo de Broadway".
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