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HISTÓRICO
LA GUITARRA DE CEPEDA
  • LA GUITARRA DE CEPEDA |
    LA GUITARRA DE CEPEDA |
Por ALBERTO SALCEDO RAMOS | Publicado el 29 de diciembre de 2012

A esta historia de violencia y saqueo, por fortuna, le quedó faltando el muerto. Sin embargo, tiene otros ingredientes nefastos típicos de nuestro país.

Los protagonistas son Adalberto Marrugo, bajista cartagenero de treinta y ocho años, y el cantante Andrés Cepeda.

Marrugo, profesor de música en varios colegios de Barranquilla, es un ferviente admirador de Cepeda.

Por eso recibió con alegría el anuncio de que Cepeda estaría en Barranquilla el 21 de diciembre de 2012.

De inmediato adquirió dos boletos para asistir a la presentación: uno para él y otro para Norelis Castillo, su mujer.

La noche del concierto, impresionado por la cantidad de asistentes que había en el Estadio Romelio Martínez, Marrugo le comentó a su esposa que muchos de esos espectadores eran esnobistas: querían ver a Cepeda porque se ha puesto de moda gracias a un reality musical.

Él, en cambio, se jactó de no ser un fan ocasional arreado por la barahúnda mediática, sino uno de los seguidores más antiguos de Cepeda: tiene todos sus discos y ha estudiado su canto.

Marrugo recuerda que en el ambiente se percibía una alegría contagiosa. Por un lado, el público estaba a gusto con la actuación del cantante. Coreaba las canciones, estallaba en aplausos una y otra vez. Por el otro, el cantante retribuía el afecto con frases lisonjeras. En un momento de frenesí decidió, además, arrojar su guitarra hacia la multitud.

La guitarra cayó directamente –¡oh, sorpresa…– en las manos de Marrugo. Al instante varios seres enloquecidos lo tenían rodeado. Mientras intentaban arrebatarle el instrumento a la fuerza, iban profiriendo insultos y amenazas.

Marrugo se zafó como pudo de la chusma y huyó hacia un espacio descampado. De ese lado surgieron varios agresores mucho más violentos que los primeros. Uno de ellos le caminó a patadas. Sin embargo, Marrugo siguió aferrado a la guitarra.

En ese momento llegaron dos tipos de la empresa que prestaba servicios de seguridad y logística en el evento. Estaban uniformados con camisetas que llevaban en el pecho la palabra "Staff". Según ellos, el cantante Andrés Cepeda los había mandado por su guitarra, "pues es una guitarra de producción".

Marrugo no tuvo más opción que entregarla. Entonces él y los demás miembros de la multitud vieron, estupefactos, cómo los dos hombres se alejaban con el instrumento que había generado tanta agresividad entre ellos, el mismo por el cual estuvieron a punto de desatar una tragedia.

Hoy, al mirar el episodio en perspectiva, Marrugo piensa que alguien mintió: o Cepeda, en caso de que haya actuado como si les regalara a sus fans una guitarra que no les estaba regalando, o el personal de seguridad, en caso de que haya abusado de su poder para robarse el instrumento a la vista de todo el mundo.

Eso sí: ya ha decidido que no le interesa en absoluto ningún instrumento que un músico arroje hacia él en un próximo concierto, ni siquiera la guitarra de Paul McCartney. "Es que estamos en Colombia, mi amigo", concluye con amargura.