No podemos seguir en el círculo vicioso de echarles la culpa a los demás, sin asumir la propia.
En un departamento como Antioquia, donde uno de cada dos de sus habitantes es pobre, resulta pecaminoso que se siga perdiendo a cántaros la leche por falta de un acuerdo entre Gobierno, productores y empresarios.
Debido a las lluvias, que ponen los pastos verdes y en abundancia, la producción lechera de Antioquia es mayor a la demanda y eso hace que muchos litros del preciado líquido se pierdan, pues, y ahí está lo pecaminoso, el Gobierno no ha logrado restringir la llegada de leche de otros países más barata, que la subsidian.
Qué tan bueno sería que la Gobernación y la Alcaldía pudieran comprar esa leche que se está perdiendo y dárselas a los niños que se siguen muriendo por desnutrición.
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