Ahora cuando parece haber terminado un invierno sin antecedentes históricos, el país debe emprender de manera urgente la reconstrucción total de la infraestructura vial, destinando una tajada importante de los ingresos recaudados por concepto del impuesto al patrimonio.
Y la tarea será colosal, mas no debe ser improvisada ni de cualquier manera o con pañitos de agua tibia, sino con obras de ingeniería que hagan confiable la operación futura de las vías para la conectividad entre municipios, corregimientos y veredas; es preciso buscar soluciones definitivas a conocidos derrumbes que se convirtieron en permanentes.
Hay que restablecer el equilibrio alterado por la acción irresponsable del hombre sobre la naturaleza cuya factura nos dejó un saldo en rojo a nuestra precaria infraestructura vial cuando la conectividad de muchos municipios, corregimientos y veredas se ha visto comprometida, e impactado todas las actividades económicas de la región y del país.
Y el remedio no puede consistir en un precario mantenimiento, mediante prácticas incorrectas como las que se suelen utilizar en nuestras carreteras intermunicipales removiendo la tierra de los derrumbes para descargarla a los costados de las vías. No será suficiente con pasar motoniveladoras "volteando" los mismos suelos para luego compactarlos con cilindros; las soluciones tienen que ser radicales, definitivas y de fondo.
Muchas vías departamentales que hace diez años eran confiables, hay que rehacerlas hoy, porque su estado es francamente deplorable; caminos de herradura llenos de baches y derrumbes que hacen del viaje una aventura, una tensión permanente e incierto el tiempo de viaje a algunos destinos.
Hay que proceder a la construcción de muros de contención en aquellos sitios donde se presentaron derrumbes, con base en los estudios técnicos y recomendaciones que la consultoría formule: terrazas que conformen taludes en escalas, cunetas que intercepten las aguas superficiales, revegetalización de taludes con especies apropiadas como el vetiver, muros en concreto o el uso de gaviones rellenos en piedra que serían una respuesta inmediata a la solución de un problema urgente y a su vez, una fuente de generación de empleo de mano de obra no calificada.
Hay que estudiar la construcción de los denominados falsos túneles en aquellos sitios en donde la magnitud de los derrumbes es de tal naturaleza, que nunca vamos a terminar su remoción; porque entre más material se saca, más se extiende su tamaño; la ingeniería tiene soluciones apropiadas, probadas, como las utilizadas en países donde se han anticipado a estos fenómenos.
El país debe estudiar soluciones económicas que preserven la capa de afirmado que se pierde con las lluvias, en aquellas vías de poco tráfico mediante un sellado asfáltico (un macadán bituminoso) que las impermeabilice, en forma similar al método que permitió conservar por décadas algunas vías como la de El Retiro-La Ceja; un experimento que bien vale la pena considerar y que evitaría el deterioro patrimonial que el invierno causa por el arrastre del material de base por acción del invierno y el tráfico.
Y no cabe duda de la competencia e idoneidad de nuestra ingeniería de consulta y de empresas constructoras nacionales para restablecer la estructura de las vías y conjurar por siempre con el aislamiento repetitivo que el invierno nos causa en aquellas vías cuyas intervenciones se desarrollaron de manera antitécnica e improvisada.
Se precisa entonces a nivel regional y nacional estructurar un plan de choque y de mediano plazo, para así recuperar la infraestructura vial; un plan ajeno a la politiquería y sin el afán de "cortar cintas", un plan que considere soluciones técnicas apropiadas como la buena práctica de la ingeniería lo recomienda.
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