Aquí no puede uno asombrarse de nada, y cuando digo aquí, hablo del mundo, porque ya estamos globalizados, es decir, que andamos por las nubes, cuando no en automóvil oficial con seiscientos y pico de galones regalados por el pueblo. Aunque no propiamente regalados sino "expropiados" para que ese alto funcionario disponga de veinte galones diarios de gasolina que le alcanzan para hacer viaje redondo de Medellín a Bogotá cada día.
Por supuesto que no digo el nombre del señor por aquello de blanco es y gallina lo pone... Y no lo digo aunque a lo mejor el avivato me puede entablar demanda porque dije señor o alguna locura por el estilo. Lo cierto es que más de seiscientos galones de gasolina cada mes no se los gasta el grupo entero de la fórmula uno, así esos vehículos no usen gasolina en sus tanques, sino un compuesto que bien puede llamarse, para salir del paso, corzolina, o cosa parecida. Y, en fin de cuentas, el señor ese de los seiscientos galones debe tener "bomba", porque seiscientos galones de combustible no se los consume ni el Apolo Once en un viaje a la Luna. ¿El suyo es un auto de doce cilindros? ¡Debe ser, pero doce cilindros llenos de gasolina!
PAUSA. ¿Ser perfectamente normal es algo anormal?
PETRÓLEO. La historia del petróleo se parece cada día más a la del caucho, cuando un montón de esclavos colombianos moría entre la selva y los amos de la Casa Arana cosechaban los árboles de caucho para enviar su producto a los mercados europeos. El caucho era casi oro en aquellos oscuros tiempos, su costo era altísimo y los productos que con él se elaboraban costaban un ojo de la cara. Y los amos se frotaban las manos...
Y dejaron de frotárselas cuando el caucho fue reemplazado gradualmente por aquellos productos sintéticos que en la actualidad han sacado de los mercados mundiales aquellas bolas de caucho mezcladas con la sangre del pobre... como decía León Bloy. Y bien, esa está siendo la historia del petróleo, cada día más amenazado por las energías renovables, entre ellas la del hermano sol, la del hermano viento, y las otras que vienen en camino.
Total, que no hay que emocionarse mucho con el descubrimiento de nuevos pozos petroleros en varias partes del mundo porque llegará la hora, ya llegó, en que los automóviles eléctricos rueden por las calles del planeta. Ustedes, economistas jóvenes y viejos, ¿no creen que en cinco o diez años el planeta será otra cosa cuando el petróleo acabe con las bolsas del mundo, y hasta con las canecas?
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4