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Los caminos de la dicha

13 de febrero de 2010
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Sexto domingo ordinario

"Jesús les dijo: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de los Cielos. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados". San Lucas, cap. 6.

Se cuenta de un bajá que exigía cada año a los súbditos un tributo, equivalente a su peso: en trigo, en aceite, en oro o en piedras preciosas. Cada uno debía entregar el tributo en la especie o producto, más o menos valioso, según correspondía por su estatus económico y su posición social.

Todos se esforzaban en el trabajo, para mejor cumplir tal requisito, que les reportaba salud, tranquilidad y la alegría de contar con la amistad y el favor del bajá.

También nosotros, para alcanzar la dicha, seríamos capaces de entregar lo que somos y tenemos. Porque todos, de una u otra manera, buscamos ser felices: el viajero, el asceta, el artista, el estudioso, el mendigo, el suicida, el drogadicto.

Cristo, que como dice un Salmo, conoce de qué pasta es el hombre. Obviamente sabía nuestro instinto de felicidad. Pero la novedad de las Bienaventuranzas consiste en mostrar que los caminos de la dicha no son los que comúnmente transitamos.

Creemos que la felicidad la dan el dinero, las cosas, los viajes, las diversiones, los vicios. O que el amor la trae, como por encanto, a nuestra vida. Pero el amor humano es frágil y está contagiado de egoísmo.

¿Nos harán felices la ciencia, el progreso, el dominio sobre los demás? Muchos que han gozado de estas ventajas confiesan que no lograron ser dichosos. El Sermón de la Montaña nos revela una jerarquía de valores, que comienza a construir la felicidad desde ahora y desde otros presupuestos.

Una felicidad relativa, pero cierta. Jesús nos enseña una manera de mirar la vida: entonces las personas, las cosas y los acontecimientos, adquieren una nueva dimensión. Los bienes materiales nos permiten compartir. La lucha por la verdad y la justicia nos gratifica. Y el hambre de justicia, de bondad y de amor se convierte en plenitud.

Al mirar a nuestro alrededor, descubrimos con sorpresa que muchos realizan en su vida las Bienaventuranzas: padres de familia, estudiantes, obreros. Aquellos que se exponen a ser excluidos del grupo, del sindicato, de la junta directiva, por no aceptar lo incorrecto. Todos ellos hacen comunidad caminando juntos, con la seguridad que aporta la palabra del Señor: ¡Felices vosotros!

Esta semana comenzamos la Cuaresma. Es tiempo de preparación a la Pascua. Empecemos por ser felices por los caminos de las Bienaventuranzas, buscando la plenitud de la vida futura. Porque el Sermón de la Montaña es también seguro itinerario hacia la felicidad perfecta más allá de la muerte.

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