La economía colombiana continúa mostrando signos alentadores. Ejemplo de ello lo constituyen la reducción del desempleo en un punto porcentual durante el mes de abril y el otorgamiento del grado de inversión por parte de la calificadora de riesgos Moody´s. Sin embargo, el éxito económico hace más complejo el marco de decisiones de política pues con él afloran los dilemas y los conflictos entre instrumentos y objetivos y, en consecuencia, los diferentes agentes comienzan a sentirse afectados por distintas vías.
El Gobierno Nacional, en un gesto nada prudente, expresó, públicamente, su desacuerdo con la reciente decisión de la Junta del Banco de la República de aumentar la tasa de interés de intervención. Según el Ejecutivo, nuevas alzas -que de hecho el mercado y la mayoría de analistas prevén que continuarán- pueden frenar el ritmo de crecimiento y, por ende, la generación de empleo. Los empresarios también mostraron su desacuerdo con la medida.
Desde el momento en que el Emisor decidió adoptar una política monetaria menos expansiva, la posición que ha mantenido la institución ha sido congruente. En las diferentes minutas y comunicados, la Junta del Banco, que preside el Ministro de Hacienda, ha expresado que la economía marcha bien aunque deja entrever que le inquietan algunos signos que, como el rápido y alto crecimiento del crédito de consumo y del hipotecario, pudieran indicar que se están gestando burbujas en ciertos sectores, situación que afectaría el dinamismo económico en el inmediato futuro. El Banco sabe que mantener tasas de interés muy bajas por períodos demasiado largos genera situaciones de riesgo.
Adicionalmente, la existencia de un déficit fiscal que se mantiene y la necesidad de un mayor gasto público para atender los daños causados por el invierno y la consecuente reconstrucción de la infraestructura física, generan presiones adicionales que seguramente impactarán el ritmo de inflación.
De otra parte, la exacerbación reciente del fenómeno de la revaluación ha prendido las alarmas en ciertos sectores. Esto, junto al aumento de las tasas de interés y la calificación de Moody´s, hacen temer que la apreciación del peso se acelere y que ello termine afectando el comportamiento de las exportaciones y del aparato productivo nacional.
Colombia enfrenta una situación en la que se hacen más evidentes los dilemas de política y los costos de las decisiones que se adoptan. El país tiene que determinar qué tanta inflación tolera y hasta dónde quiere dejar llegar la revaluación, ello en un entorno internacional incierto que no ayuda a la eficacia de medidas agresivas de intervención en el mercado cambiario. En otras palabras, Colombia comienza a sentir los costos que implica ser una economía emergente, atractiva y con un enorme potencial. Frente a ello no queda otra alternativa que buscar el equilibrio entre objetivos, reconociendo que se tendrá que correr con algunos costos.
Hasta ahora el Banco de la República ha actuado con prudencia y ha sido eficaz en sus decisiones. Confiamos que en lo que sigue dicha institución sabrá ponderar los riesgos y minimizar los costos económicos y sociales que implican las medidas que se adopten. Esperamos, asimismo, que el Gobierno, en sus decisiones autónomas, acompañe al Emisor en este propósito. Este no es el momento para enfrentamientos mediáticos y estériles, por el contrario, lo que el país espera es que se actúe de manera consensuada, asegurando una estabilidad macroeconómica capaz de soportar una senda de crecimiento sostenible.
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