Inquieto lector, le invito a reflexionar sobre algo que no alcanzo a comprender.
Analizando el Presupuesto Nacional y conociendo de las travesuras de algunos contribuyentes, y de otra parte, la apatía de los funcionarios de Impuestos Nacionales para frenar tantos abusos, me inclino a pensar que los ingresos que recibe el Estado, en alguna medida, se deben más a la misericordia divina que a quienes tienen el manejo de la hacienda pública, valga decir, ministros de Hacienda y directores de Impuestos Nacionales.
En forma aproximada, las rentas ordinarias, incluyendo las parafiscales y las de establecimientos públicos que recibe el Estado, son del orden de 100 billones de pesos. Esta suma es insuficiente para atender los gastos de funcionamiento, el pago de jubilaciones, la inversión social y los intereses, todo por algo así como 133 billones.
Este déficit, que aumenta año por año, se financia con un mayor endeudamiento. Para cualquier persona responsable, atender una situación como esta sería suficiente para quitarle el sueño. Sin embargo, algunos altos funcionarios dan la impresión de que duermen mejor que un bebé bien alimentado.
A solicitud del Gobierno, el Congreso Nacional, en fecha reciente, aprobó la Ley sobre reparación de las víctimas y restitución de tierras, para todos los afectados a partir de 1985, cuyo costo es indeterminado.
También una más, denominada el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014, por un monto de 564 billones de pesos.
A lo anterior se debe agregar la promesa presidencial de que todos los colombianos tendrán acceso a la salud plena.
Confieso mis limitaciones acerca de muchos temas, en especial el que se refiere al manejo de las finanzas públicas. Mientras más sumas y restas hago, menos entiendo cómo se puede halagar a tantos, con tan pocos recursos.
Desde luego nadie discute la bondad de estos propósitos.
Ojalá alguien que tenga claridad sobre lo que parece imposible de realizar, me explique pacientemente, que las víctimas de la violencia serán resarcidas, los enfermos curados y los grupos guerrilleros serán algo del pasado.
Todo lo anterior a pesar de la corrupción, del poco esmero en el recaudo de las rentas nacionales, del despilfarro de los tributos y de las limitaciones de un país que a veces actúa como si aún estuviera en la Patria Boba.
Salvo que nuestros gobernantes tengan el don de repetir el milagro de los peces y los panes, por mucho esfuerzo que hagan, no será posible en términos de la razón, la prudencia, y la aritmética honrar lo prometido.
A la postre, muchos se sentirán frustrados y los anaqueles de los juzgados repletos de expedientes de los que soñaron con recuperar sus bienes, la salud o la paz.
Acaso no es preferible, por ejemplo, ordenar que en los próximos quince meses todos los municipios de Colombia tengan agua potable.
Además que quienes soliciten su pensión de jubilación, en especial los de bajos ingresos, no tengan que demostrarle al ISS que los empleadores cancelaron sus aportes, o por lo menos que se les dé la misma celeridad con la que se pensionan los altos magistrados. Algunos de ellos reciben una mesada de casi 40 veces la de los primeros.
¿Qué se volvió a saber de alias Alfonso Cano que hace varias semanas le estaban respirando en la nuca?
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