Manuel Molina Aristizábal saluda a todo el mundo por su nombre, estrecha manos, ofrece sonrisas. En poco tiempo será la una de la tarde y hace un día precioso. El Hotel Dann Carlton en El Poblado realiza el lanzamiento de su festival de cocina de autor y él, Manuel, es el anfitrión de la reunión.
Es casi un ritual: Molina se para en frente de sus invitados, les da la bienvenida, reconoce públicamente la gestión de algunos de ellos, llama la atención sobre asuntos de ciudad. Opina sobre el pico y placa, sobre la señorita Antioquia, sobre las ferias de moda. Sobre cada uno de estos asuntos puede hablar con autoridad porque con todos tiene algo que ver.
Molina es un líder en la industria del servicio, por eso tiene derecho a opinar. Es el gerente de la cadena de Hoteles Dann en Medellín, hoy compuesta por el Dann Carlton, el Belfort y el San Fernando Plaza. Aplausos, la mesa está servida, todo el mundo a conversar y a comer un delicioso plato cuidadosamente escogido por él y sus colaboradores.
El hombre que lleva en la solapa de su vestido un botón que dice "100% comprometidos", ahora habla de eso que lo tiene "con cara de pendejo": Dominick, su primer hijo, nacido hace un mes y medio. Le brillan los ojos cuando menciona su nombre. También le brillan cuando habla de su pasión por el trabajo.
¿En qué momento decidió que se iba a dedicar a la hotelería?
"A los 16 años no había encontrado el rumbo. Quería una actividad que me hiciera la vida más fácil y siempre pensé en esta opción, pensaba que hotelería y turismo eran eso, vivir rico. Resulta que elegí una carrera que se volvió mi pasión, pero que terminó siendo todo lo contrario: es la carrera de más alta dedicación y compromiso. Trabaja uno cuando los otros gozan, este es un negocio que no para nunca y funciona 24 horas al día, todo el año".
¿Cómo fueron sus primeros años en esta industria?
"Empecé en el restaurante Piemonte, de la familia Podestá. Trabajaba allí mientras estudiaba hotelería en el Colombo Europeo. Allí estuve varios años al tiempo que me especializaba en la carrera. Realicé estudios de postgrado en varios temas relacionados. Viajé a San Andrés y fui gerente de Alimentos y Bebidas en dos hoteles. Luego volví a Medellín a trabajar en el Club Unión. Una experiencia maravillosa porque fueron los mejores años de este lugar. Luego manejé el Hotel Poblado Plaza durante varios años, hasta que me vine a la Organización Dann. De eso han pasado doce años".
Usted llegó a esta cadena y pareciera que su receta tiene un ingrediente secreto, ¿Cuál es?
"Puedo hablar de lo que ha pasado con los Dann Carlton de Medellín. Creo que hemos hecho tres cosas que son una bendición. La primera es que a todos los programas sociales de ayuda a la comunidad siempre les decimos que sí. Lo segundo es que hemos creado un sentido de familia para que la gente sienta que hay compromiso social y eso se transmite. Adoptamos niños para apoyarlos con el estudio y hacer más fácil su porvenir. Tenemos un sentido grande de calidez para que lo ordinario se vuelva extraordinario".
¿Cómo se logra la expansión de la cadena en Medellín, que hoy tiene tres hoteles?
"Desde hacía muchos años decíamos que necesitábamos otro hotel en Medellín. Luego había un hotel que llevaba 10 años tratando de buscar el éxito y creo que ahí vimos una oportunidad. Adquirimos el Belfort y llevamos el equipo de trabajo allá y empezó a tener éxito. Por último, los socios comunes dijeron que querían hacer un hotel distinto, que no perteneciera a la cadena y creamos el San Fernando Plaza. Este hotel no es un Dann, tiene una esencia diferente, con la misma calidez. Lo hemos creado con un sello diferente, más contemporáneo y empresarial. Es el más exitoso de los hoteles nuevos de la ciudad".
¿Cómo es la vida de familia de un hombre como usted?
"Vivo en una casa de campo en el Oriente antioqueño. Allá estoy rodeado de animales y jardines. Tengo pájaros, cacatúas y un turpial al que llamo por su nombre y entra a la casa a saludarme. Mi esposa, Sandra, adopta perros que ve abandonados y los acogemos allá, tenemos un lugar para que estén cómodos. Me gusta la vida tranquila y me pueden invitar a cualquier programa un sábado por la noche y no voy. Prefiero estar en la casa con la familia. Mi papá y mis suegros viven cerca, ellos nos acompañan mucho. Todos los domingos cocino para mi padre. Él es un artista, violinista. Fue concertino toda su vida. Mi madre ya falleció, fue una mujer de hogar. De ellos aprendí que la honestidad no es una virtud, sino una obligación".
¿Muchos aseguran que Medellín tiene sobre oferta hotelera, otros piensan que todavía faltan espacios para hospedar a los visitantes?
"Creo que la ciudad vivió un boom de construcción hotelera y que casi todos los hoteles nuevos se crearon en 2007. Es importante que esta ciudad fortalezca su oferta si quiere ser más competitiva, esto tiene que darse de forma organizada, no puede ser de un momento para otro. Me encanta cuando aparece un nuevo competidor y siempre espero que le vaya bien".
¿Cuál ha sido el momento más difícil de sortear durante estos años?
"Yo he tenido varias empresas. Alguna vez un presidente de una compañía dijo que yo no era hotelero sino empresario. He sido un jalonador de empresas, lo he hecho buscando grupos de inversión. Monto una empresa y con el tiempo decido si me quedo o me voy. Tuve un revés reciente en el que perdí casi todo lo que tenía. Esto ha sido lo más duro que me ha pasado en la vida, después de la muerte de mi mamá. Fue producto de la deslealtad de personas en las que confié y fueron mis socios. Me asaltaron en mi buena fe. Gracias a Dios mucha gente me confió en mí y he respondido hasta por el último peso".
¿Qué sigue en su carrera profesional?
"Estaré al frente de esta empresa hasta finales del año. A partir de ahí me dedicaré a trabajos de consultoría para proyectos hoteleros. Estamos trabajando en una idea muy grande, que llevará el nombre de Marquis Palace. En ese proyecto se invertirán 16 millones de dólares y hay nombres importantes como PSI y Conhabitat haciendo parte de este proyecto".
Pico y Placa Medellín
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