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HISTÓRICO
Mejía Duque habita la muerte más profunda
John Saldarriaga | Publicado el 29 de julio de 2009
Ahora que Jaime Mejía Duque murió, su esposa, Cecilia Villazón Zubiría, comprobó una vez más que las hermanas del escritor tenían razón: él siempre hizo lo que quiso.

Sí, porque en los últimos días, él le decía que estaba aburrido, que quería irse. Y por más que ella librara una lucha tenaz para que siguiera viviendo, él se quedó en su idea y sufrió un paro respiratorio el 24 de julio pasado.

Sin embargo, este autor, nacido en Aguadas, Caldas, el 5 de agosto de 1932, "fue siempre un hombre feliz, y lo decía plenamente", cuenta Cecilia, una vallenata que le enseñó a amar la música de su tierra a tal punto que terminó sabiendo más que ella de los personajes y las leyendas que le dieron grandeza al folclor. Leandro Díaz, Rafael Escalona, de quienes escribió y fue amigo.

"Un día me dijo que la leyenda de Francisco el Hombre debía tener un tratamiento literario. Fue cuando escribió Los pasos perdidos de Francisco el Hombre", libro que publicó la Cámara de Comercio de Valledupar.

Recuerda que José Antonio Murgas, amigo suyo desde la niñez y de Jaime desde la facultad de Derecho, donde estudiaron juntos, fue quien hizo de Celestina para que él y ella se unieran.

"Toño le hablaba de mí a Jaime, en Bogotá. Yo conocía a Jaime solamente porque leía en la revista Consigna, que nos llegaba a los concejales, su columna Esquema. Un día, a partir de lo que Toño le decía, Jaime me escribió un poema. Yo no podía creer que ese señor tan serio me escribiera a mí. Lo llamé el 26 de julio de 1989 a agradecerle y a partir de ese momento se estableció entre los dos una extraordinaria relación". Y lo demás, entre ellos se resume en que dos años más tarde se casaron y vivieron en Bogotá ún tiempo; en Medellín deshojaron los cuatro últimos calendarios del segundo milenio, y él publicaba artículos en EL COLOMBIANO. Después, para mejorar la salud de Jaime, se mudaron a Santa Marta.

En Bogotá, Mejía Duque hacía parte de una tertulia de café, con el historiador Eduardo Santa, el ex ministro de Cultura Ramiro Osorio y otros personajes.

"A Jaime no le perdonaron lo cáustico; sus ensayos críticos en los que decía de manera vertical su pensamiento. Pero nunca lo doblegaron. Por eso prefirió un bajo perfil".

El autor de La muerte más profunda y otros cuentos, amaba la vida cotidiana. Decía que era poesía constante y que "es el tejido conjuntivo de la existencia". Frase que está consignada, como muchas otras de diversos temas, en Germinalia, un libro de pensamientos que permanece inédito.