El hombre como presa, no importa su edad, actividad o sexo; la trampa se monta para matar o mutilar. Cada día, en cualquier lugar de la Patria se trunca una vida.
Las minas antipersonal, violatorias del Derecho Internacional Humanitario y arma favorita de las Farc, han aturdido en escuelas, cerca de centros asistenciales, huertas caseras y caminos veredales. El año pasado con este tipo de artefactos las Farc mataron a 22 civiles y mutilaron a 165 más. Entre las fuerzas regulares, Ejército y Policía, se presentaron 301 episodios, en los que perdieron la vida 52 uniformados.
Tan grave como las mutilaciones físicas es el sufrimiento sicológico de quien pisa una mina. Lo que faltaba, con unas cuantas monedas que vale una mina los criminales causan daños irreparables.
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