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No me gusta la negociación con la guerrilla: Gaviria

El exmagistrado Carlos Gaviria Díaz prefiere hablar de diálogos con los insurgentes, donde participen todos los partidos políticos y la sociedad civil.

  • No me gusta la negociación con la guerrilla: Gaviria | Carlos Gaviria Díaz es un apasionado por la literatura. Aquí buscando dos cuentos de Jorge Luis Borges (su escritor de cabecera) que, dice, son sus favoritos. FOTO DONALDO ZULUAGA
    No me gusta la negociación con la guerrilla: Gaviria | Carlos Gaviria Díaz es un apasionado por la literatura. Aquí buscando dos cuentos de Jorge Luis Borges (su escritor de cabecera) que, dice, son sus favoritos. FOTO DONALDO ZULUAGA
11 de agosto de 2012
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Con Carlos Gaviria Díaz se puede hablar de lo que sea. De lo que sea. Eso puede tener tres explicaciones. La primera es que él, con esa pose matusalénica de hombre sabio y docto, tiene una biblioteca de “entre 7.000 y 8.000 libros”. Cuenta que muchos le preguntan si se ha leído todo lo que tiene y él evade la pregunta contestando que un día pondrá una leyenda con sus libros que dirá: “Aquí está lo poco que quise aprender durante mi vida”.

La segunda explicación es que se ha dedicado a estudiar, a conocer las truculentas estrategias políticas y las sociedades modernas. Finalmente a su favor juega la experiencia, el haber sido vicerrector de la Universidad de Antioquia, magistrado de la Corte Constitucional, candidato presidencial en 2006 por el Polo Democrático Alternativo, partido del que fue presidente mientras vivía su época de más popularidad en Bogotá, siendo alcalde Luis Eduardo Garzón y después Samuel Moreno.

Cuando habla, Carlos Gaviria vuelve a las citas con facilidad, también a la historia. Tiene una memoria de hechos, textos y cifras congeladas.

¿Qué lectura hace del Auto 173 que dictó la Corte Constitucional, que le ordena a la Armada devolverle seis hectáreas de tierra al pueblo indígena jiw en el Guaviare?
Aquí se está defendiendo la propiedad de los indígenas sobre ese terreno, cosa distinta a lo que sucedía en el Cauca. No se puede relacionar una cosa con otra. Hay de todas maneras de por medio el problema del pluriculturalismo, de las autonomías de los territorios indígenas, que desde luego no son absolutas, pero a las que el país no estaba acostumbrado porque se introdujeron en la Constitución de 1991, porque la de 1886 era sumamente diferente. Hay que respaldar al constituyente de 1991 en su propósito de proteger la cultura de las comunidades indígenas, hay que proteger sus territorios y la jurisdicción que sus autoridades ejercen en ese territorio. Este es un espaldarazo a los indígenas”.

¿Cómo ve lo que sucedió en el Cauca con el desalojo por parte de los indígenas de una base militar? ¿Cree que detrás de eso están las Farc?
“Cuando fui candidato a la presidencia hice campaña en el Cauca y conozco de vieja data la situación de los indígenas, de los campesinos, incluso del enfrentamiento que se ha querido estimular entre ellos, y así los propietarios de grandes inmuebles sacar partido. Los indígenas son permanentemente objeto de manipulación, pero los del Cauca son absolutamente pacíficos y los hacen participar en algo que ellos no quieren, que es en el conflicto. Yo estoy seguro de que si viviéramos en una situación de paz, la guardia indígena sería suficiente en esa comunidad. Yo no descarto que haya miembros de las comunidades indígenas que simpaticen con las Farc o que militen, pero ese no es el caso general. A mí me consta que los indígenas rechazan tanto la acción del Ejército como la de las Farc. Han tenido un enfrentamiento tradicional con las Farc”.

¿Qué tan de izquierda es la guerrilla?
“¿Cuánto tiempo tienen ellos?, ¿como 48 años?, y yo me pregunto: ¿Alguien conoce su proyecto político? A la gente que dice que en Colombia hay una situación social tremenda y la raíz de la guerrilla puede estar ahí, yo les digo: ¿La guerrilla tiene alguna legitimidad para obrar de esa manera? ¿Son ellos los que van a determinar las reformas que Colombia necesita? Por eso digo que un diálogo tiene que incluir a todos los sectores del país. No sabemos si tienen ese espíritu leninista o qué tan democráticos son o qué tipos de reformas van a proyectar. En resumen, la manera más expedita y más clara de definir la izquierda es como lo hizo Sartre hace muchos años: la izquierda tiene un compromiso permanente, programático con los sectores más marginados, excluidos de un país. ¿Nosotros tenemos la certeza de que ese es el proyecto de la guerrilla? Al menos yo, no lo sé”.

Carlos Gaviria no se ufana de los debates que sostuvo con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, para la época en que fue candidato presidencial, elecciones en las que obtuvo la mayor votación en la historia que haya registrado algún miembro de la izquierda en Colombia.

¿Qué opina de las diferencias entre el expresidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos?
“Creo que Laureano Gómez era el que decía que a la gente hay que creerle y yo le creo a la gente. El doctor Santos dijo en París: ‘Mi proyecto es el mismo de Uribe pero con otro estilo’. Esas cuestiones de estilo han llegado a tocar asuntos que al doctor Uribe le molestan. Creo que tanto el propósito del doctor Uribe como el propósito del doctor Santos es el de preservar el estatus, pero Uribe quería preservarlo a cualquier precio. Santos, quizá más sutil, sabe cómo; a él lo asimilan mucho a un jugador de póker pero yo creo que también de ajedrez, porque el buen ajedrecista sabe que muchas veces para lograr el mate tiene que sacrificar posiciones, piezas y Uribe no está dispuesto a eso, Santos sí. Se dice que Uribe es el mayor opositor de Santos, aunque yo no creo eso, oposición hay en un partido político que tenga un proyecto distinto como el Polo”.

¿Qué puede decir de los dos años del Gobierno de Santos?
“La diferencia de estilo de Santos ha sido importante. El país se siente menos tenso que antes. Santos no trata tan mal a sus contradictores, lo digo yo que fui contendor de Uribe en una campaña y cuando iba bien me dijo terrorista, me dijo que me conocía desde la universidad y que yo era muy sesgado a favor de la guerrilla, sabiendo que me había condecorado con el Escudo de Antioquia diciendo que había aprendido de mí respeto y tolerancia por las ideas ajenas. Entonces ahora hay más espacio para hacer política. La ley de Restitución de Tierras es importante, pero se ha presentado como una reforma agraria y como el problema colombiano empezó por el campo, la reforma agraria sería una mejor distribución de la tierra, que es justicia distributiva. Con esto lo que se está haciendo es meramente justicia retributiva, eso es bueno, pero tenemos todavía la deuda con la distribución de la tierra en el campo, que es una de las más inequitativas del mundo. La Ley de Víctimas es importante, pero hubo regulaciones insatisfactorias, pero es mejor que haya esa Ley a que no haya”.

¿Cree que el país está a las puertas de un diálogo de paz?
“Sí existen indicios de que Santos va a intentar un diálogo con la guerrilla. A mí no me gusta la negociación, porque hay cosas que no se pueden negociar, lo que se debe hacer es escuchar y que se den diálogos donde todos los partidos políticos y la sociedad civil participe, esto con el fin de que se adviertan deficiencias y deudas sociales. Ahora, en un proceso de justicia transicional siempre hay que sacrificar un poco de justicia. Creo que esa es una labor demasiado fina porque no se puede sacrificar totalmente. Los crímenes de lesa humanidad no deben ser perdonados, porque no se puede perdonar todo ni se puede olvidar nada”.

¿Qué opina de que algunos sectores políticos busquen una constituyente?
“Yo no creo que sea necesario, por muchas razones. Una de las razones es que la Constitución es una norma que tiene vocación de permanencia y nosotros no podemos frivolizarla por razones de coyuntura. Los problemas que hay se pueden resolver por medio de decretos y leyes. Para hacer en Colombia una reforma a la justicia no hay ni siquiera que cambiar la Constitución, hay que aumentar el presupuesto de la rama, hay que nombrar más jueces, hay que agilizar los tramites en la justicia ordinaria con el objeto de que los ciudadanos tengan esperanza en vida de que sus solicitudes sean oídas. Otra razón es que una constituyente es una caja de sorpresas porque nadie sabe qué dinámica cobran los hechos y en qué terminan. La Asamblea de 1991 fue convocada como una asamblea constitucional para reformar la justicia y concretamente crear la Fiscalía y hacerle unas reformas al régimen territorial, pero los hechos cobraron una dinámica tal, que resultó en una Asamblea Constituyente y terminó derogando la constitución del 86. Tratándose de la Constitución de 1991 hay que pensar que esa constitución ha tenido muchos enemigos, pero esa constitución le ha permitido al país muchos avances significativos. Ya le han quebrado muchas vértebras y en una asamblea constituyente se le pueden quebrar más”.

Se le pregunta si comparte la afirmación del escritor argentino Jorge Luis Borges acerca de que la democracia es un exceso de la estadística, y sin dudar en una sola letra dice: “La cita textual es esta: ‘Descreo de la democracia, es un curioso abuso de las estadísticas’. En su biblioteca hay dos cuadros de Borges, una fotografía y una pintura. Tiene las obras completas. Lo admira casi hasta la veneración. Cree que dos cuentos de Borges están entre los más memorables del género: El milagro secreto (Artificios) y Deutsches Requiem (El Aleph). Y pese a eso, a esa devoción literaria, reconoce: “Claro que Borges era muy conservador”.

¿Cree entonces que esa idea de constituyente tiene intereses personales?
“Sería irresponsable decir algo, pero uno podría hacer conjeturas. El expresidente (Álvaro) Uribe y el uribismo han estado bastante deprimidos con el hecho de que el doctor Uribe, gozando todavía de mucha popularidad, no se pueda reelegir. Yo tuve recientemente un debate en algún medio televisivo con el representante Miguel Gómez Martínez, que es conversador, y él dijo que quería proponer que no hubiera reelección, cosa que me gusta, sobre todo en países que tienen democracias muy débiles, como el nuestro”.

¿Usted es de un partido de izquierda, por qué afirma que nuestra democracia es débil?
“En Colombia el sujeto político, el pueblo, está por construir. Tenemos todavía una masa informe. Tenemos que construir una comunidad convivente, consciente. Es posible que yo tenga algún sesgo porque la actividad que a mí más me apasiona en la vida es la educación, yo pienso que hay empezar por ahí, por educar a la gente. Ese es un proceso que no se logra de una día para otro, pero si no asumimos que es un proceso que está por hacerse, nunca lograremos esa democracia ideal”n

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