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HISTÓRICO
NUESTRA CRISIS DE REPRESENTACIÓN
  • NUESTRA CRISIS DE REPRESENTACIÓN |
    NUESTRA CRISIS DE REPRESENTACIÓN |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 13 de marzo de 2013

La mayoría de los problemas de los colombianos nace de una crisis de representatividad en su clase política. La principal responsable por nuestras tragedias e infortunios es esa enorme brecha entre la expectativa y la realidad de nuestros líderes; cada día nos trae más pruebas de que a quienes hemos elegido durante años, no tienen nuestros mayores intereses en sus cabezas.

Según el informe de "Cultura Política de la Democracia en Colombia y en las Américas 2012", del Barómetro de las Américas, solo el 31 % de los colombianos encuestados confía en los partidos políticos. La confianza en los concejos fue del 45,5 % y en el Congreso de la República del 46,4 %.

La manera como los ciudadanos ven a los partidos y a los políticos, puede tener una de sus explicaciones en la falta de transparencia que intuyen en el sistema. De hecho, Colombia ocupa el deshonroso primer lugar en la percepción de corrupción en las Américas con el 81,7 %.

Solo el 36,2 % de los colombianos cree que los gobernantes están interesados en lo que piensa la gente, esto se reduce al 29,8 % cuando se les pregunta si creen que los partidos políticos los escuchan. Existe una gran brecha entre nuestros políticos y nuestros ciudadanos; alguien no está haciendo bien su tarea cuando los que deben escuchar no lo hacen y quienes deben ser escuchados, no lo son.

Este no es un problema de una sola vía. En efecto, según el Barómetro de las Américas, solo el 9,8 % de los encuestados colombianos dice haber asistido a una sesión de su concejo.

De acuerdo con cifras de 2007 de Latinobarómetro, el 74,7 % de los colombianos reconocía que nunca o casi nunca hablaba de política. En 2010, el 75,3 % afirmaba que la política les importaba poco o nada.

Una democracia saludable no es solo aquella en la que se va masivamente a las urnas, sino en la que los ciudadanos se mantienen políticamente activos, incluso cuando no se está en temporada de elecciones.

Escribir sobre la realidad nacional se convierte, en ocasiones, en una retahíla de lugares comunes. No importa: tenemos los líderes que nos merecemos. Existe responsabilidad compartida en nuestro problema de representación política. Nosotros, al final, los elegimos cada cuatro años y luego los dejamos en libertad de hacer lo que quieran sin control.