AgUna velada cargada de emociones y sorpresas que mantuvo a los espectadores pegados a las pantallas.
Este año, la Academia quiso incluir algunos cambios para recuperar audiencia. El primero, fue elegir al actor australiano Hugh Jackman, como el conductor de la velada, alejándose un poco del estereotipo de comediante gringo al que nos tenía acostumbrados.
Una decisión acertada, porque el actor estuvo profesional y encantador. El público femenino no pudo tener un mejor aliciente para ver la ceremonia.
Los números musicales se vieron frescos y modernos. La idea de que los ganadores de años anteriores presentaran a los nominados arrancó más de una lágrima.
El público sintió un ambiente de camaradería, admiración y buena energía.
Y como siempre, algunas de las estrellas deslumbraron con su belleza y elegancia.
Penélope, una de las grandes favoritas, se fue a casa con su Oscar y una gran sonrisa. Y lo mejor, después de dar sus agradecimientos en español. Así debía ser.
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