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Periodistas con la boca tapada

El asesinato del reportero Luis Carlos Cervantes revive la enorme preocupación de los periodistas, en especial en pequeñas localidades, por su riesgo ante bandas armadas y corruptos. ¿Y el Estado qué?

  • Periodistas con la boca tapada | ILUSTRACIÓN ESTEBAN PARÍS
    Periodistas con la boca tapada | ILUSTRACIÓN ESTEBAN PARÍS
14 de agosto de 2014
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Tanto las Naciones Unidas como la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) aseguraron que oficinas del Estado como la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Fiscalía tenían conocimiento de la delicadísima situación de riesgo del periodista Luis Carlos Cervantes, pero, aun así, no reaccionaron con la diligencia necesaria para protegerlo e investigar las amenazas.

Cervantes está muerto. Tres disparos acabaron con su vida la tarde del martes pasado. Según le narró a la FLIP, dejó de hacer periodismo de denuncia sobre la mezcla entre actores armados ilegales y políticos corruptos en el Bajo Cauca antioqueño y se vio obligado a pasar por la radio solo música y notas inofensivas de la vida en su municipio, Tarazá.

Ya la Procuraduría anunció que investigará la actuación de la UNP para establecer por qué, a pesar de la reactivación de las amenazas contra Cervantes el pasado 21 y 22 de julio, se le retiraron definitivamente dos escoltas y un vehículo blindado, dos días después.

La UNP sostuvo que el Comité (Cerrem) que evalúa la situación de las personas amenazadas fue el que determinó que el caso de Cervantes revestía un "riesgo ordinario" (de 46 puntos sobre 100) por lo cual debía, para restablecerle las medidas de protección, presentar nuevas pruebas que mostraran que su integridad y su vida estaban en "riesgo alto".

Pero el periodista fue asesinado y ahora se conoce que hay otros 14 colegas amenazados en Antioquia, ocho de ellos en esa convulsa región del Bajo Cauca. Estamos, ni más ni menos, ante una prensa silenciada. Así, con la boca tapada como acudió a protestar el miércoles en las afueras de la UNP, en el barrio Belén, al occidente de Medellín.

El gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, aceptó que a las autoridades las debe avergonzar que incluso habiendo tantas señales de alerta, como en este caso, las sentencias de muerte se cumplan. Según la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia, tanto la UNP como la Gobernación de Antioquia y la Fiscalía recibieron, entre el 23 y el 25 de julio pasados, reportes de la grave situación de inseguridad de Luis Carlos Cervantes, pero el resultado final es que cayó asesinado por pistoleros este 12 de agosto. Es cierto: es una vergüenza.

Lo es también, y sobre todo, para el presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien ha sido por años un hombre de los medios informativos y de gran cercanía, por ejemplo, a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Él y Andrés Villamizar, jefe de la Unidad Nacional de Protección, les deben a la prensa y a los colombianos una explicación menos escueta y simple que la de un comunicado que calificó de "ordinarios y ajenos a su profesión" los riesgos de Luis Carlos Cervantes.

Ha caído un periodista de esos que en Bogotá el poder central llama "de provincia". Un muchacho valiente, apegado a su tierra. Desoído como pocas veces se ha visto. Tocó puertas en todos los despachos. No es gratuito que ayer el reclamo de la ONU haya sido tan vertical y detallado. Su homicidio resulta penoso.

Ahora hay que volver sobre la solicitud de "investigaciones exhaustivas" para que este asesinato cobarde no quede en la impunidad. La FLIP documentó cinco denuncias formales de Cervantes ante la Fiscalía General de la Nación.

Entre 1997 y 2012, 140 periodistas fueron asesinados en Colombia. Eso nos dice del reto de seguir buscando la verdad y de ver si hay un Estado capaz de proteger nuestros derechos a la vida y a la libertad de expresión e información.
Contraposición

ES UN HECHO LAMENTABLE; HAREMOS TODO LO POSIBLE PARA ESCLARECER EL CASO

Por GUSTAVO CHAVARRO
Coronel y comandante de la Policía Antioquia


Por parte de la Policía Nacional, siempre estuvimos pendientes del periodista Luis Carlos Cervantes y de su familia. Hablamos con él y, a su solicitud, le prestamos acompañamiento cuando lo requirió.


En este momento nos encontramos en el Bajo Cauca antioqueño en operaciones para identificar, individualizar y judicializar a los involucrados en este delito que, desde todo punto de vista, rechazamos.


Con el locutor Cervantes teníamos un acercamiento e interveníamos en su protección desde hace mucho tiempo. Se le habían dado medidas de seguridad, pero infortunadamente se dio este hecho.


Estamos con un grupo especial de la Sijin investigando cuáles fueron realmente los móviles y autores materiales e intelectuales. La Gobernación ofrece 20 millones, la Policía otros 10 millones, para pagar recompensa a quienes den información sobre los autores.


Desde el hecho, reforzamos la presencia en el Bajo Cauca y personalmente estoy en Tarazá y la zona, con 200 hombres, en registros e individualizaciones de sospechosos. Aunque la ayuda ciudadana es poca, hay varias hipótesis: al parecer, están involucradas bandas criminales y actores con intereses políticos en la región. No podemos decir si fue o no por razones del oficio, pero igual se trata de un homicidio que no debió ocurrir.

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