En los últimos días, el presidente Uribe ha manifestado que si quieren negociar y ser tratadas como compatriotas, las Farc deben cesar sus actos terroristas. También hizo énfasis en que un proceso de paz se debe iniciar con una señal inequívoca de un cese de acciones criminales con verificación. Esta intervención parecería una pronta respuesta a Cano que en su última carta a los Colombianos y Colombianas por la Paz (CCP), expresó que las Farc están listas para el canje de prisioneros de guerra y no harán del lugar del diálogo, un obstáculo insalvable. ¡Amanecerá y veremos!
En este orden de ideas, se podría colegir que las cartas están sobre la mesa y que la demanda de un cese de hostilidades por 3 ó 4 meses, lleva implícita una manifestación pública de voluntad de paz por parte de las Farc, y que por ahora, hay que descartar cualquier tregua o cese de hostilidades bilateral.
El pronunciamiento del presidente Uribe ha avivado nuevamente el debate político acerca del complejo tema de la paz, porque: expresa la posición del Gobierno frente a futuros requerimientos de los CCP; con habilidad, neutraliza eventuales demandas sobredimensionadas con relación al intercambio humanitario, y elimina cualquier oportunidad de que éste se convierta en un caballo de batalla mediático, de corte preelectoral y opositor.
Además, se anunció el Salto Estratégico como la herramienta eficaz para la consolidación definitiva de la Seguridad Democrática, y el ministro Juan Manuel Santos expresó: "La bestia está herida, y tenemos que mantener la iniciativa para darle la estocada final; para llevarla a un punto de no retorno". Es iluso pensar hoy que el Gobierno haga alguna concesión sin reciprocidad, dejando a un lado el momento estratégico estelar y la correlación de fuerzas favorable ante los actores violentos.
Por su parte, las Farc reiteran su posición frente al canje. No condicionar el lugar geográfico podría relacionarse con la propuesta del comandante Chávez, que ofreció un área del territorio venezolano fronterizo para un posible encuentro de las partes. Mientras tanto, continúan con sus planes organizativos y armados. Su meta inmediata es incidir en la percepción sobre el estado actual de la confrontación, y mantener en primer orden, la propuesta de canje, en tanto continúan con su retórica acerca de la búsqueda de la paz. En esta forma, justifican sus actos terroristas y al final pretenden descalificar y deteriorar el consenso político de la Seguridad Democrática.
A primera vista, se puede apreciar que las diferencias en los lenguajes empleados son evidentes: el Gobierno habla de la búsqueda de la paz, con base en un esquema que presupone un cese de hostilidades verificable, la dejación de las armas y el sometimiento a la Ley de Justicia y Paz, pero no arriesgará una estrategia militar exitosa por una apuesta incierta de intercambio humanitario. Las Farc, por su parte, afrontan un gran dilema: hasta dónde, el cálculo político de su estrategia supera el sentido de lo humanitario, pero les resta credibilidad a sus propuestas.
Es claro que existe un pulso político-militar. Un Gobierno jugado a fondo para causar una derrota estratégica a las Farc, y estas últimas, empeñadas en preservar sus fuerzas, afectar el orden y la tranquilidad, y de paso, incidir en el proceso electoral de 2010.
Sigue vigente la necesidad de buscar un acuerdo de paz como anhelo de la gran mayoría de colombianos, pero debe cimentarse con mucha paciencia, prudencia y construcción de confianza.
Si bien volvió al debate público el tema de la paz, no se vislumbran cambios sustanciales en las posiciones ya conocidas. Hay más de cálculo político que posibilidades reales de abrir un diálogo útil entre las partes. En consecuencia, todos los esfuerzos deberían orientarse no a parar, sino a terminar la guerra, como un compromiso ineludible de unidad nacional.
* Mayor General (r), Ejército Nacional
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